Mostrando entradas con la etiqueta Una de ciento y una historia que contar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Una de ciento y una historia que contar. Mostrar todas las entradas

jueves, 28 de mayo de 2020

Una Historia de estos tiempos



 
Dicen que nunca es tarde si la dicha es buena
Busco letras para hacer palabras y estas para formar frases,
frases que den sentido para crear un pequeño relato,
pues aspirar a más seria entrar en el delirio.

Que no es fácil hilar dos, como para hacer una gran historia que atreviese los siglos.



El laurel de las letras anda muy repartido, 
y yo, pequeño en este sentido  
falto de ambiciones, con dos versos libres me doy por servido
...Como siempre llego tarde.

Pero esta vez, la pequeña Alicia me ha entretenido,
anda con gente curiosa, un nota que hace sombreros
mientras atenta contra el orden establecido,
el señor conejo, anda algo estresado,
de él dependen los tiempos que a cada personaje y momento le son concedidos.

Es como ese señor que esta en Valencia en la plaza de la catedral, esperando
mientras charla con los vecinos a que el cabildo saque los bancos y sillas a las que esta obligado por orden Real y antigua.

Él es el señor de las aguas, Juez  y ley, por encima de todos.

O como ese otro que es presidente de la asociación de vecinos,
de una celda más en esa gran colmena, donde habitan otros tantos desconocidos,
que no se paran a charlar y un día se les olvido el saludo,
un simple “buenos días o con Dios vecino.
Es lo que tiene vivir en sitios tan fríos.

Será que nos gusta un carguillo, 
ser presidente, alcalde o un jefecillo.
Gobernanta o gobernante, es igual.

¡Algo!, lo que sea, con tal de mirar por encima del hombro,
sentirse ¡más! Quizás, respetado, incluso deseado,
cuando la realidad cotidiana, nos dice lo contrario.

Que somos una panda de matados,
pequeños y grises,
“sin sustancia gris “ como diría Sender….  
Hay lo dejo…


Como ves amiga, me falta inspiración, me enfade y partí en verso, la prosa, ¿será este nuevo Goliat, que tanto nos ha atemorizado, o al menos lo han intentado. No se, demasiada caverna, soledad no deseada, demasiada saturación de información. La vida sin nosotros, se ha comportado, no hacemos falta, ella sola sin nosotros se regenera… Quizás estemos condenados a ser petróleo.

UNA HISTORIA DE ESTOS TIEMPOS

La mañana empezó con una suave brisa fresca y agradable, pues ya las temperaturas han cambiado y como siempre, Don verano quiere usurpar el tiempo de la niña  primavera. Acelera el crecimiento, revienta la tierra a flores y aquellas que volando liban en los policromados valles y en las altas montañas, se afanan con una prisa inusual.
Ya el trigo va dorándose y la amapola tira por donde quiere, dando gotas carmesíes en belleza y olor, en tan vasto paisaje. En otras latitudes, rivalizan los bulbos, blancos o amarillos, es tiempo de de lirios, se escuchan croar a ranas y sapos, el zumbar de mil libélulas.

-         Y donde menos te lo esperas te encuentras al viejo Pancho, lagarto de vivos colores, amarillo como el polen de las flores, azul lapislázuli del viejo Egipto y una pequeña raya roja sobre el lomo. Esa, esa es triste… no te la cuento.

-         ¡Abuelo! Si Pancho no existe
-         Claro que existe pequeña,

mientras pensaba, cuanto amor albergaba,  como era posible, ¡doblar tantas veces la rodilla!, por ella, por una sonrisa, un gesto, esa complicidad que nace, se va forjando mientras se desarrolla, pero sabe que un día marchara y su consuelo, es que sea para mejor, o como él o ella sea como deseen .

-         Mira, tu ¿en que crees… Unnn?
-         En Peter Pan, abuelo, en Campanilla, en el pobre Capitán, en Alicia, en Oz, en Hansel y Gretel y muchos más

Lo mira de reojo saca la lengua, con aires de  superioridad, abuelo pone gesto contrariado y frunce el ceño en actitud de enfado, la pequeña se levanta con los ojos arrasados en lágrimas, y muy enfadada se dirige a la puerta, mientras golpea frenética y con las palmas abiertas da pequeños golpes a la vez que le grita…

-         ¡Tú si que no existes, abuelo!, todo es mentira, ahora llora más bajito, abuelo se retuerce las manos sabe que con un poco de suerte y muchos cuidados, llegará el día en que todo será normal y podrá abrazar a su pequeño amor….

Teresa vuelve del trabajo y se encuentra a la pequeña Manuela, dormida junto  a la puerta cerrada de la habitación, donde se encuentra aislado el abuelo. Acurrucada como un cachorrillo, abrazada así misma, con una lágrima de luz, en caída permanente. Mira la pantalla de la tablet y su padre le pide entre sollozos que enfoque a su Manuela.

-         ¡Animo padre!, solo una semana más y estaremos juntos,

Teresa besa la pantalla y la apaga por hoy…


                                 

Felicidades Manuela…. Y cumple…
cumple años, para llenar los días,
cumple y no temas,
se feliz y haz felices a los tuyos,
porque tu sabes que debajo de esa encina grande, donde se cuentan historias, siempre hay una que es verdad, otra que es a medias y las más hermosas, pasan a ser leyendas.
Esas son las que el viento se lleva,
las deja sobre las olas del mar,
para que el viejo Buhonero las recoja con su red de pescar sueños, para más tarde contárselas a Manolito, ese que anda por hay, el de los cuentos tontos de la mar, el mismo de  “La  Noche Oscura de los Dragones”

 En fin amiga, te dejo con este pequeño presente y como siempre, espero no faltar a esta cita. Un beso y se moderadamente feliz.
                                                                    
Tu amigo Epi o El Buhonero

lunes, 3 de junio de 2019

“Amanece, que no es poco”


Todo es extremo en el páramo, tanto los tórridos veranos como los crudos inviernos.
La mañana se presenta algo nublada, unas finas gotas se deslizan de las nubes, diluyendo ese manto de agujas escarchadas, dejando un brillo sobre el ocre de las hojas caídas. 

Un grito salvaje tan reciente como antiguo, recorre la soledad del paraje. A lo lejos y a resguardo de una gran peña, en cuclillas se perfila una figura de mujer agachada, el sudor perlado de su frente delata un dolor y un esfuerzo que deberían de estar a resguardo, pero la naturaleza que no para, trae vida allí donde nunca se supone que pudiera desarrollarse, obviando las leyes de los hombres. 

Y sin más, el milagro de la vida se descuelga, ella presurosa, con las manos amoratadas del esfuerzo y el frío coge al recién nacido y amorosamente a falta de hoja afilada, corta con sus propios dientes el cordón que la une a la nueva vida, limpiando como puede ese pequeño cuerpo, liándolo  con su toca de lana, lo amarra a su pecho, dejando que el instinto del neonato busque con su olfato el pezón de vida, su primera ingesta después del golpe de aire que ha puesto a sus diminutos pulmones a trabajar, mientras ella como puede, se limpia, con agua del pequeño arroyuelo, que serpentea el páramo partiéndolo en dos.

 Levantándose  a duras penas y con el doble pulso, el de su pecho y el de su vástago, camina tambaleante hacía el viejo caserón medio en ruinas, se acerca con la esperanza de encontrar un alma caritativa, que pueda socorrerla en este trance, para no morir en mitad de la nada, con el temor de que la noche llegue y hagan su presencia los lobos y cuando piensa en los lobos no lo hace exactamente en esos antepasados de los canes, sino en los civiles que hacen la ronda nocturna al acecho  de los contrabandistas y ya se sabe que en la noche todos los gatos son pardos.
Los niveles de necesidad y de miseria se habían disparado, manteniendo una década después de esa guerra fraticida, una hambruna sin parangón, donde la imaginación de la escasez se alimentaba de mondas de patatas, pan escaso y negro, una agua chirri que hacía la veces de café y con un poco de suerte una pella de tocino rancio, que era sacado entre caldo  y caldo con un más que pelado hueso blanco con ausencia de tuétano.

Mujer de un republicano de esos que al acabar la guerra se tiro al monte y se hizo por fuerza maquis, es lo que quedaba, no quiso cruzar la frontera y prefirió compartir fortuna con ella. Se vieron por última vez en casa de un amigo común, estaba de viaje y les dejo quedarse mientras, esa luna de enero era como un cuadro en la ventana. 

Se dijeron poco pues el miedo y la urgencia no daban para más, fundiendo los cuerpos al compás de la noche, los ritmos de sus corazones y el pulso que se refleja en las sienes, dieron paso a las manos que en un principio tímidas siguieron el curso que dan estas cosas, la ropa tirada por la habitación, bajo las mantas los versos se fueron convirtiendo en una prosa tranquila que exploraba sus cuerpos, la luz de su último día los fue despertando, un café negro y un trozo de pan les fueron devolviendo las fuerzas y la nostalgia de la separación.

    Tomas baja tranquilo por la accidentada senda, que se va cortando cada cien o doscientos metros, de no limpiarla y ser el único que se atreve a transitarla, unas zarzas de espino invaden descontroladas la senda, haciéndola intransitable en algunos puntos. Tomás no le da mucha importancia, ya sabe de sobra como sortear, abriendo pequeñas veredas, que unas veces atajan y otras lo desvían de la senda principal unos cientos de metros. 

Desde que su madre murió, dejo de bajar al pueblo, tan solo cuando era imprescindible para adquirir, algún apero de labranza, unas arrobas de vino y calzado, pero eso era cada quince días siempre los jueves cuando se permitía la venta ambulante y la quincalla invadía la plaza del pueblo. Los puestos mostraban las heridas de la desolación, ropa usada, remendada y vuelta a remendar, abrigos del ejercito vencedor, gorras y botas de no se sabe quien, ni de que guerra eran supervivientes, pero para Tomás eran las que el necesitaba, el hacía cambalache, la nueva moneda tardaba en llegar y la anterior estaba desapareciendo a marchas forzadas, los recaudadores del nuevo régimen se afanaban en retirar dicha moneda repartiendo a cambio unos pagares que nadie cobraría, salvo aquellos que apoyaron la insurrección, los que vieron venir al lobo y decidieron ser más salvajes que el propio lobo. 

Tomas de pequeño, como todos los niños, jugaba a la guerra, por aquél entonces nada más que llegaba la radio y no a todas las casas, en el bar de José estaba la más grande, donde cada tarde noche se reunían los viejos del pueblo a escuchar el parte de guerra, y un par de aparatos más, uno del ayuntamiento y el otro del cura. Las fortunas, si es que las hubo alguna vez, recogieron sus bártulos, la bajilla y pusieron pies en polvorosa, ellos no  es que apoyaran al ejercito contrario, pero sabían de buena tinta que cuando los ánimos se calentaban como estaba pasando en la capital, los milicianos los corrían hasta la valla y ya no volvían.
 Es lo que tiene movilizar al pueblo, armarlo y darle un poder sobre la vida y muerte de sus congéneres como solo pasa en estas situaciones. 

Cerrando las haciendas a cal y canto, en México se estaba mejor, país que acogía a todo aquél que emigraba escapando de la desolación, las persecuciones, los ajustes de cuentas vecinales, incluso disidentes del partido que ayudo a ganar esta barbarie, instaurando una dictadura, de la que no se sabía cuando terminaría. 

Sentado a medio camino, Tomas saca una vieja pipa de olivo, la llena de tabaco de picadura, comprado en el callejón del tuerto, donde la pareja de civiles hacía la vista gorda, siempre que a ellos les cayera algo para sustentar a sus familias, la miseria era generalizada y la escasez azotaba tanto a vencidos como vencedores, tan solo el contrabando mantenía a duras penas el chorreo de necesidades básicas o superfluas como el tabaco, y algunas tan importantes y tan escandalosamente caras como la tan necesaria penicilina.  
Cuando termina de darse ese pequeño placer, sacude la pipa contra su mano dejando caer la ceniza y las pocas briznas de tabaco que por el grosor más parecen astillas que tabaco picado, es lo que hay, mete la pipa en el bolsillo y al levantar la vista encuentra entre su casa y el viejo árbol un bulto que apenas se mueve. Un llanto infantil le acelera el pulso y corre hasta él, tal es la sorpresa cuando encuentra en el suelo a una mujer desvanecida que a duras penas sostiene sobre su pecho a un recién nacido, coge el bebe y corre hasta casa para dejarlo sobre el camastro y sale en busca de la mujer, ya con ella a cuestas parece no pesarle, es todo huesos, el hambre y la huida han ido mermando el inmóvil cuerpo que apenas y con gran esfuerzo, sigue luchando por sobrevivir. Una vez en casa, prepara artesanalmente una tetina que coloca a modo de biberón sobre su taza metálica, dando a la criatura un poco de leche, después prepara con las ropas que encuentra, un pequeño vestuario para cambiarla y que entre en calor, una vez echo, queda dormida en el centro del camastro, cubierta por una raída manta, conseguida en el mercadillo de los jueves en la plaza del pueblo. Luego se dirige a la madre, busca si tiene heridas, la limpia como buenamente puede y la deja descansar. Marcha hacia la cocina, se sirve un vaso de vino mientras mira con ternura a la pequeña y piensa que todo es extremo en el páramo, pero mañana será otro día y las cosas se verán de distinta manera, como solía decir su padre...  “Amanece, que no es poco”

                                                                                                         Epi o el Buhonero


La luna besa su cabeza, y en su llanto Derrama fina plata entre sus mechones oscuros…




            No hubo testigos, ni tan siquiera gritos, la noche se fue envolviendo en un fino manto de niebla, la vieja plaza les venia ni que pintada, las luces de las farolas habían sido rotas con anterioridad y el ayuntamiento no se esforzó por sustituirlas. Claro, la plaza era frontera entre la crema de la sociedad provinciana y la marginalidad más absoluta y ya se sabe que en estos casos, con que este la zona comercial y el centro bonito, al resto considerados arrabaleros, se las traía al pairo.

Por el pasaje van tres personas una de ellas va agarrada por ambas manos, el miedo le nubla la mente y no puede reaccionar, sendas lagrimas recorren un rostro desorientado, un golpe seco en la cara acabo con ella en el suelo, la arrastraron hasta la casa puerta más grande que había, una antigua cochera del siglo pasado, oscura y sucia.
Le arrancaron la camisa y el sujetador,  la falda se la rasgaron, se propasaron durante una media hora, toda una eternidad. Ella se abandono y en su interior viajaba hacía sitios calidos, verdes praderas, buscando en su interior la felicidad que ya no volvería a su rostro durante mucho tiempo, la mente es curiosa en situaciones limite.  
La inocencia partida, y el amor que brinda la amistad quedo reducido a suciedad, ¡traicionado!

Una vez hartos los dos degenerados, la dejan tirada en el suelo, desnuda, con el labio partido y un ojo amoratado, ella se había desmayado, el cuerpo en su autodefensa había preferido desconectarse y ellos con el nerviosismo salen corriendo, por debajo del antiguo arco de la judería. No hubo testigos, nadie en su auxilio.

Tan solo la Luna, esa vieja amiga que siempre la acompaña, monto guardia, esa noche lucía más fuerte, como si quisiera llamar la atención o dar la alarma, pero aún así nadie vino a socorrerla.

Llora la Luna sobre su cabeza,
Las argentas lagrimas mezcladas con su pelo
Crean meandros de fina plata
Que ya nunca desaparecerán de su cabeza.

Una pareja de ancianos, pasa por  la plaza y se encuentran la tragedia consumada, acurrucada en el soportal, con la camisa rota, la falda manchada de sangre. Cuando la estaban socorriendo, le dijeron que iban a llamar a la policía para que la ayudaran y pudiera denunciar la agresión, ella les pide que no lo hagan, se viste como puede, sacando fuerzas de donde no las tiene, tomando  ambas manos de los ancianos les mira y sin mediar palabra, marcha.

Al llegar a casa, suspira porque no encuentra a nadie, mejor así, no tener que pasar por el calvario de revivir, el miedo a una muerte, la vergüenza de ser violentada (ni que tuviera la culpa) tira la ropa camino del cuarto de baño, y una vez que el agua está caliente, se mete debajo. Derrumbándose, sentada sobre el plato de la ducha, una lluvia constante, se mezcla con la sal de sus lágrimas, no sabe cuanto tiempo he permanecido  en esa posición, se lava con saña, con violencia, frota todo su cuerpo, haciendo que la sangre vuelva a circular. Se siente sucia, ha sido ultrajada, violada y golpeada, usada como un objeto y tirada como muñeca de trapo, arlequín inarticulado, sus miembros no responden, por una vez el cuerpo desobedece a la mente y en su frustración, como navajazos, la vida echa jirones, ha cambiado brutalmente. Sin una explicación plausible, pues estos agravios no la tienen por mucho que se les busque, con una sensación de culpa, en la que nadie supo consolar ni quitarle la pesada carga que se abate sobre sus hombros.


La lluvia cae calida sobre el asfalto,
Hilos de sangre se mezclan
El eco de su grito ahogado,
Ahora se empieza a escuchar
Como un batir de pies sobre el suelo, en una antigua danza

La Luna cambia su plateado semblante  
Se viste de sangre
Loca busca entre la gente,
Quienes son los monstruos que a su amparo
Y en vergonzosa retirada intentan disfrazar los hechos
Con su ausencia precipitada, no hay lugar para vosotros,
En el aire flota la amenaza…
¡Sed de venganza!

Porque ya no se puede restituir, una felonía de tal envergadura no hay juez que la cubra,
no hay ser viviente que justifique o quite hierro a tamaña salvajada. Pero ya se sabe. Donde naces, en el barrio que te crías, hay un variopinto muestrario de gente buena y gente de muy mala catadura, los términos medios no sirven. Donde conviven la ignorancia y el derecho de supremacía por haber nacido varón es lo que queda.
Cuando son dejados, olvidados y sus crianzas estan forjadas de abusos, de desengaños, de falta de amor y compresión, cuando sus progenitores están totalmente desestructurados y su mundo no llega más allá del arrabal, donde son dueños y señores de tamaño gueto, en el que la policía justifica su no entrada, porque los sueldos no dan para tanto y son recibidos a tiros o a pedradas vecinales.

Pero no nos engañemos, la trama estaba bien montada. Ellos no pertenecen al arrabal. Son de  los seudo señoritos, esos que vienen de las antiguas hidalguías, que prefieren tapar a sus mal criados cachorros que enfrentarse al fracaso de su dejadez, por no discutir con ellos y no ponerse en su sitio cuando era necesario. Vamos que un par de leches bien dadas a tiempo hubieran evitado muchas cosas.



¿Donde estaba el mundo cuando la más débil era impunemente violentada?, los defensores de estas causas, no aparecieron, la ronda fallo, andaba de café en no se sabe donde.
El aullar de las sirenas llego tarde, donde ya no había nadie
Un par de ancianos escrutan la noche, ellos, llamaron al orden y esperaron, hasta que la sirena despertó al vecindario, que no se sabe si alguna ventana hizo de ojo indiscreto, y si fue así, no tuvo el valor de llamar a la policía o poner el grito en el cielo para que esas malas bestias hubieran huido, y no terminara la noche como lo hizo.
Los ancianos hablan acelerados con el custodio que llego tarde, este les pide que pongan orden y que hablen de uno en uno.

*¿Donde esta?, pregunta el agente
-No quiso esperar, no quiso denunciar a nadie, dijo la anciana
*Así no se puede hacer nada.

-La luna viste de sangre y eso no presagia nada bueno, ya en el pasado vimos algo parecido, y al culpable lo encontraron un año después en el fondo de un pozo, amarrado de pies y manos y colgado boca abajo con la cabeza hundida en el agua estanca del pozo, fue a finales de los cincuenta, nadie lloro la perdida, nadie puso interés y se echo tierra sobre el caso, como si nunca hubiese pasado nada. Solo una flor blanca que nunca habían vistos por esos lares, y que en el periódico aparecía como flor de las nieves.

*Anda caballero, déjese de leyendas y si no tienen más que contar, marchen para casa…

Tres mese después, en un descampado fueron hallados dos cuerpos carbonizados, en un aparte sobre un mojón de cemento, se encontraban las pertenencias personales, las carteras con sus documentos y una escueta nota donde se explicaba quienes eran, y el por que de su muerte.
Como decían los ancianos, la luna que esa noche fatídica de hace tres meses vestía sangre, se torno en una mano caritativa, que  tomo venganza por ella.

Tan solo llamaba la atención, cuando el forense, abrió sus bocas para tomar una huella dental que pudiera confirmar quienes eran,  encontró en la cavidad de sus bocas, con sendas flores de Edelweiss.

El arrabal fue volviendo a la tranquilidad de las tardes soporíferas, al final del arco se veía pasear a un para de ancianos, cogidos de la mano y con una sonrisa bobalicona en  los labios.
-¡mujer! donde las dan, las toman
-Que el señor bendiga los pasos de ese justiciero
-…baja la voz que nos pueden escuchar
-¡Si no escucharon, el dolor y la angustia en su momento! ahora que van ha hacer, denunciarnos, anda José no seas timorato.
El sol fue perdiendo terreno a favor de la luna, las única farolas seguía sin luz, la vida palpitaba en los rincones, y tras las celosías los ojos de los cobardes seguían el devenir de los escasos viandantes que cada noche se exponían a no volver…
                                                                    


                                                                                                             Epi o el Buhonero
                                                   


domingo, 26 de mayo de 2019

Hoy en Florencia... para Manuela


Mar jaspeado por donde tu pisada doblega momentáneamente las olas que el viento mece, dejando pequeñas gotas de rubí, botones de oro a rebosar de polen, millar de gotas nevadas en sus pétalos y el morado de los lirios que sin ton ni son se esparcen. Zumbido sugerente de viva actividad, llevando en el abdomen la promesa de vida, que el néctar generoso pone a modo de cebo pues todos han de sobrevivir y perpetuarse.
Alba que trae el nuevo día, cantar de cantares que ya los quisiera el viejo Salomón, que si la alondra o el ruiseñor, pero más alegre me resulta el del gorrión, pequeños verderones, y a ras de los manantiales, el vuelo veloz de vencejos y golondrinas, que a beber sin parar o mojar su blanco pecho en un alarde sin igual de coreografía, para levantar vuelo hasta confundirse con el azul del cielo.
Ya en los viejos postes, en las semiderruidas espadañas o en torres mil, vuelve a anidar la esbelta cigüeña, en danza de amor. Palillos son sus picos, en ese entrechocar se despereza el cortejo nupcial que habrá de culminar en dos o tres polluelos.
Noche suave, mar de plata, inmensos trigales donde la luna danza, coge la nube y a modo de velo coqueta, su faz cubre, haciendo que luciérnagas se esfuercen en brillar, en constante reclamo y es en la noche donde se cuece la vida que ha de llegar con las primeras luces del amanecer.
Un buey pasta, buscando la sombra, que ya el sol aprieta, enloqueciendo a tábanos y moscardones, frenético trabaja el rabo que espanta a tan traviesos compañeros.
Estancia fresca, suelo de barro, cuatro sillas y una vieja mesa de veteada madera, espera a ser colmada, dos o tres vasos, jarra de limonada, la abeja descansa y renueva fuerzas, el azúcar que mancha el borde de la jarra, es la ambrosia de estos pequeños seres, la mosca que zumba loca de aquí para allá, de la mesa a la jarra de la jarra al pan, del pan a tu cabeza, manotazo y vuelta a empezar
Lavadero de noble piedra en un “si yo te contara, las historias que el agua lleva” si te contara la de manos cortadas por la fría agua, sabrías que el niño de Serafina se lo llevo la guerra, y la de Asun, su única niña sirve por un plato  y cama en casa de ese que no se nombra. Y que a Eleuterio le dio un aire y así ha quedado el pobrecillo.
Hoy solo corre el abandono, los vasos llenos de tierra y hojas secas, los caños por donde escapaba el agua, estan carcomidos, ahora ojos de cíclope sin lágrimas, de uno cuelga el hilo de seda en cuyo extremo se balancea la araña, a la espera de terminar su trampa para que un espíritu libre le sirva de alimento
Al final de la calle, en  el ángulo más oscuro, donde solo la luz hace su aparición a eso del medio día, dejando ver, el vetusto musgo sobre la piedra en la misma esquina alguna plantas trepadoras dan algo de vistosidad, para terminar volviendo al oscuro silencio, donde ya nadie ha de mirar hasta el día siguiente. Es ahí donde se tercio un día el amor, sin buscarlo, llegando de pronto, como las cosas que no esperas ya sean para bien o mal, que no hay un orden y un por qué.
Con la gorra calada sobre el ceño, cabeza baja como el que busca algo, la toba del cigarro apagado y una mirada llena de luz, el caminante, romero impenitente, sin más ataduras que las propias que él se impone, se deja abrazar por ese sol mañanero que todavía es más luz que brasas, mientras por su lado, los niños pasan en loca carrera, amalgama  de sonidos invaden la estrecha calle, llenando el aire de risas y del “tu la quedas”...
Hoy en Florencia celebran a un tal San Felipe Neri

Pero yo prefiero acercarme.
Con la memoria de los olores
A la alquimia del perfume,
Donde un olor dice más que mil palabras ya que por él llegamos a esas instantáneas que la memoria asocia, y como dice el canto aquél
 “Uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amo la vida”
A esas pequeñas pinceladas que conforman este gran collage, que es la vida en si misma. Ya que en definitiva, todo nos es dado en esencia, en pequeños frascos.
En ese rinconcito donde duerme,
Impregnada la memoria de mil sensaciones.
Donde el  almizcle fija, cítricos y un millar de flores.

Y digo hoy que es tu día
En particular,
(Pues todos son tuyos),
Que me trae el recuerdo de algo que casi se me olvida,
Como siempre mi cara amiga

Felicidades en este día,
Sin moderaciones,
A manos llenas, que te colmen de besos y de buenas intenciones,
Aquellos que son familia
Y estos otros que son amigos.
Para que mañana y los siguientes amaneceres,
Sean dulces y amables,
Que ya tú les iras imprimiendo carácter y urgencia según vayas necesitando.

 

Como siempre un beso para ir sumando, de  tu amigo
                                                                                              El Buhonero o Epi

* La cita pertenece a Armando Tejada “Las simples cosas”

viernes, 5 de octubre de 2018

Despierta el niño mimado...


Despierta el niño mimado…
Mira de reojo al astro rey y de la fina  honda sale disparada una piedra que esquiva el sol, cambiando el destino de sus rayos hacia la blanca dama, reflejadas en el alfiler de su pelo recogido. Las primeras ráfagas de luz.
Se melena cobriza, en red recogida, de sus finos nervios asemeja la plata bruñida.
Despacio…
El astro baja por su delicado cuerpo en colores de verde cobalto fundidos con su blanca piel, no hay más hermosura que rivalizar pueda con ella, al no ser la alta aguja.
Cetro que se dispara al infinito para dar cabida al nuevo día.
 
Del suelo brota cada mañana el viejo arte, siempre nuevo, que la limpieza de sus calles se ha de llevar, para volver con otro amanecer 




Y es en esa hora cuando las lágrimas del Vecchio se confunden en tornasolados colores con el verde apagado de sus tranquilas aguas, lagrimas que cuentan del floreciente pasado a un atribulado presente, donde se mezcla el llanto de los ausentes, con el llanto feliz de los nuevos transeúntes.
Que la noche loca dejo historias para oídos curiosos, pues en la mañana temprana cuando el día empieza a despuntar, corrillo  de gentes curiosas, van ha escuchar, y de la ondulación de sus aguas suben estás historias, unas de amor las otras de necesidad, y algunas más, que no por absurdas quedan relegadas, pues todo vale en esta mañana. Mientras en la colina donde dormita el niño mimado.
El astro rey va lamiendo lento su cuerpo,
Perdida queda la laureada cabeza
Antaño fue oro hoy, mármol sin corona,
Admira el astro tan gallarda postura,
Que mide en la distancia con cínica mirada,
A esa altiva señora que ahora se despereza.
Los curiosos se agolpan en serpenteante fila, dédalo de países, Babel de lenguas, conforman los primero sonidos.
Mis pasos se pierden, dejando la piedra a suntuosos jardines,
Donde invita a perderse al caminante.
El sol aploma al más pintado, lentos como lagartos, en la sombra quedan retratados,
Con pasos cortos midiendo las fuerzas,
El ojo se llena, paleta de colores, verdes campiñas, quedan a su espalda.

La tarde corre pareja junto al río, millar de almas transitan en la misma dirección, un mismo destino, solo rendir honores a la Dama.

Ráfagas de oro fino, ocres mezclados con un azul lapislázuli,
Dan paso a un verde esmeralda,
Verdes lágrimas saltan, cuando el barquero pasa
Y en lontananza su contorno desaparece en la negrura de su falda.

Son las mimas lágrimas que derraman los ojos del Vecchio
Sobre el eterno Arno.

Y he aquí y en esta hora, donde confluye pasado y presente,
Al calor de una decena de lenguas,
Con la licencia que da esa juventud que se perpetua,
Algunas misturas más avanzadas,
Nos hablan de un otoño  
De plateadas sienes que delatan el invierno.

Todo es vitalidad en tan frugal momento,
Donde las miradas se confunden y apremian los deseos.

El sol se inclina besando la noble frente de tan hermosa señora,
El Duomo  queda a oscuras,
Mientras otras luces más suaves van dejando pasó a esa turba soñadora,
Que primero se dirige al río…

Donde libre el amor, los sueños y el perderse en la mano que no mira e invita a desaparecer,
La vida prevalece sobre el día que señorialmente se despide,
Dando paso a la calida noche,
Bóveda celeste, cuajada de blancos cristales, donde los transeúntes
Que rendidos quedan,
Con un liviano beso y un guiño al Vecchio
Que descansa en la argenta plata,
Manto que presta la altiva señora,
Que lenta va recuperando su reino finito.

Saluda a su vieja amiga  
Besa y engalana al niño mimado,
Que solo queda, tras la marcha del astro rey.

Arriba todo duerme,
Abajo, junto al río y entre sus calles, el bullicio despierta.

La suave brisa levanta la falda a la vieja ciudad,
Dando salida a los sueños, haciendo posible lo imposible.

Yo me retiro a cenar y de nuestra mesa a la vecina mesa compartimos espacio con la vieja Medusa, ¡que miren ustedes! no llego a morir.
El joven Perseo se apiado de ella, y cortando las cabezas de serpiente de su tétrico pelo, le permitió vivir como dama mortal, tuvo un hijo al que puede mirar y él la mira, corta la pizza, mientras ella, anciana desdentada, mira arrebolada, triste por el tiempo que se le acaba pero feliz de no convertir en piedra a su amado vástago. Plisa el floreado vestido, sin mirar a nadie más, cabecea lentamente y sueña cuando ella fue joven y en el sueño llama a Perseo, se siente cansada y quiere partir pues ya es hora y en su corta estancia, siente que ha sido colmada.
Pero ya no quiere seguir, dormir que es lo mismo que morir, pero en brazos de Morfeo, le gusta soñar que es un merecido final.

Y un guiño de este caminante a la mujer que sirve su mesa, levanta su copa de grapa y brinda por ella, pues hoy el caminante cae rendido a sus pies… Y quién no cae rendido ante ella... 
                                         la bella Firenze.

                                                                     Epi

viernes, 20 de abril de 2018

En Casa de Nadie...


 
En casa de nadie










* Se despereza la tarde y huye de un sol plomizo, en el patio el viejo naranjo despierta lentamente a la llamada de la primavera, los primeros aromas de jazmín no dan tregua envolviendo el aire con su aroma, los atolondrados pájaros bajo el sol plomizo caen en picado como aviones acrobáticos sobre el lecho plano del plato de la fuente, donde algún nenúfar descansa, en su parte menos honda el viejo tritón espera paciente a que su comida pase…


* Belinda, la mirada perdida entre el ayer y un posible presente, un desaire la trajo a este lugar, donde el tiempo concurre lento, del viejo piano unas notas nostálgicas, desgranan la dejadez con los recuerdos difusos. Desganados movimientos de espíritus errantes un desfile de camisones blancos y pijamas azules, no hay palabras, tan solo asentimientos de cabeza. Es el saludo de los que están próximos, esos que llegaron antes y tan solo los cuidados paliativos evitan, que el sufrimiento agónico los arrastre en un grito incontinente de dolor, caras embotadas por el exceso de opiáceo, pero quienes son los valientes de entre ellos que no se aferren al fármaco.
De tanto ponerse, las conversaciones se han convertido hace tiempo en monólogos, andan como el poeta, conversando con el hombre o mujer que siempre marcha con ellos. Temerosos de tener un atisbo de lucidez pues el dolor los enloquece y corriendo pasan por enfermería, hace tiempo que decidieron vivir en otra dimensión y la realidad ha terminado por volverse insoportable.


* La mano de Rosa se posa en el alfeizar de la ventana, tamborilea una vieja melodía que lenta va llenando en sus acordes el silencio de la tarde, Ramón sigue de siesta, el sol y el fuerte calor le producen jaquecas que es mejor dejar dormir en la penumbra, sin apenas ruidos, los ojos tapados con el embozo de una sabana para que la luz no les afecte…


* Los pasos llegan en un  repicar  flamenco, taconeo alegre que salta de losas blancas a negras, entramado de tablero donde se lidian las mejores batallas de la vida. Rosa espera impaciente verle torcer la esquina, sobre la mesa una jarra fresca de limonada, con una pizca de azúcar y una ramita de canela, como ella sabe que le gusta y unas yemas del convento que queda detrás de la plaza… Impenitente, que sin importar las inclemencias meteorológicas no falta a la cita como el viejo Cirano, que al igual que él, trae las crónicas de esta capital provinciana de calles estrechas y casas altas de muros gruesos de piedra, cal y arena, en una mezcla de culturas arquitectónicas, señorean por separado el arte romano que da la mano al mudéjar y este entrelazándose con un barroco que mira con envidia al churrigueresco retablo en la portada de Santa María…


* El viejo compacto, donde tiene el  giradiscos, arriba en la margen izquierda y al lado se encuentran los mandos del volumen y el balance, un botón para el grave y otro para el agudo, debajo a  la izquierda el sintonizador de radio y justo al lado la grabadora. Una vieja canción suena, es del siglo pasado la primera vez que tuvo la oportunidad de escucharla fue por el año 1960, cuando la canción llevaba una década sonando, le encanta el estribillo.
         
            * “Jazmines en el pelo y rosas en la cara
             airosa caminaba la flor de la Canela,
             derramaba lisura y a su paso dejaba
             aromas de mistura que en el pecho llevaba…
             

  La escucha tantas veces, que el día que se va la luz, la soledad toma asiento invadiendo cada espacio de su cuarto, cada recodo de su alma, hundiéndole en la más triste nostalgia. Pero es escuchar este estribillo y al pronto, en su cansado corazón vuelve a ser primavera,  la mirada luminosa sin importar quien observa, empieza tarareando para perderse en algo parecido a un   baile, los brazos rodeando el aire, los ojos entrecerrados, da vueltas de un lado hacia el otro con un ritmo y una cadencia olvidadas, pues hoy ya nadie baila así, más bien brincan como monos o parecen tullidos con los brazos en ángulo de 90º dedos abiertos declamando victoria y unos gestos de chalado, que pían más que cantan esos ritmos que para su gusto nunca deberían de haber llegado.


* Frisaba esa edad difícil, donde la risa es una mueca y las lágrimas siempre prestas a derramar en esta edad difícil donde uno se emociona con cosas que en su juventud pasaban desapercibidas, una extraña y doliente sensibilidad despierta al final de este largo viaje que es la vida…


* Recluido en un cuarto, sentado frente a la ventana, mira con intensidad pero solo consigue ver manchas de colores, el verde de los campos, la aguja que se alza en un extremo del pueblo que debe de ser la iglesia, un azul lechoso por cielo y un sol pálido que apenas consigue traspasar las cataratas que lentas se van formando en  sus ojos, nube que no deja penetrar y que le aíslan cada día un poco más. Él, que pinto las mejores puestas de sol, los suaves  atardeceres y el más hermoso de sus cuadros, el Amor de los Locos lo llamaba, una hermosa luna grande deliciosamente blanca con toques de vieja plata que asemejan un rostro. Si ha habido amores platónicos, esta altiva señora se ha llevado siempre la palma. Quien no le ha pedido, como romero penitente un favor o un deseo a esta Señora, que ya estaba en el cielo como hermana de la tierra, poderosa controladora de las mareas, dadora de vida por doquier, amada por el sol que derrama su luz sobre ella y detrás, oscuridad desconocimiento, cara que no se conoce, oculta por un misterio o eso le gusta a él pensar.


* Hay un viejo busto de mármol nacarado, que preside el centro del salón, la barbilla apoyada sobre el hombro en actitud taciturna, dando profundidad a esa mirada que el artista esculpió, lejana y distante, como si lo más cercano a ella no le interesara. Traspasando la habitación, la vidriera multiplica la escultura, creando un conjunto de matices y colores que a lo largo de la jornada tornan en distintos tonos, desde el blanco nacarado a un ámbar, tostado que en los pliegues deliciosamente esculpidos, dan esa nota del color miel, brillante y luminosa.


* Tomas no podía más, hace unos días que le desapareció su única vinculación con el pasado, la demostración de que había participado activamente en la construcción de este país y de su ya no tan joven democracia, afiliándose a la  izquierda en el año 88, en esa época y años anteriores había habido un revuelo de camisas, unos los más fieles siguieron aferrados a la vieja guardia, pero otros como Tomas, puso tierra de por medio, primero cambio su aspecto físico y luego adopto las maneras del nuevo espécimen de político que entre el y unos cuantos más (demasiados) han hecho de la política su medio de vida.
Como buen hidalgo, vio pronto los vacíos y los vicios por donde pudo medrar,  negocios con terceros para poder subvencionar de forma dudosa a su partido y de cómo llenarse los bolsillos, ser cosmopolita como a él le gustaba fardar. Todos sabían donde radicaba su cosmopolitismo. Cuenta en Suiza, cuenta en Andorra y algún que otro paraíso fiscal, como todos los piratas y corsarios de la     historia, le encantaba el caribe, las Caimanes… etc.
Cuando fue descubierto hubo que hacerle dimitir con paños de agua  caliente, pues no había manera de que el susodicho dejara el sillón y su fuente de ingresos, sin olvidar que desde el año 88 hasta el 2000 milito en la izquierda, para asombro de todos los vecinos de su terruño,  que sabían de         él demasiadas cosas. El típico destripa terrones y desertor del arado, que   arengaba en las plazas al personal al que tenia amedentrado, época difícil de olvidar, él estaba con los ganadores y no con la masa famélica de muertos de hambres, masones, rojos y maricones a los que había que reeducar, cuando se fue gestando el cambio político en el país y se vio claramente que tildaba la nueva estrategia de una seudo democracia      pactada con la vieja oligarquía a la que se sumarian los nuevos oligarcas de estos tiempos, él ya tomo puesto en la salida, puso pies en polvorosa saliendo con lo puesto de su pueblo y sin despedirse de nadie, no fuera a ser que no pasara de la plaza del pueblo, no sin antes haber recibido un repertorio de ostias por parte de la asociación “mis muertos por los tuyos”. A finales del año 2000 volvió a cambiarse de piel, ahora iba engominado, chalequito a la espalda, camisa aparente, náuticos y pantalón que lo mismo servia para ir de birras como para un acto oficial.
 Un lunes por la mañana, en el desayuno lo echaron en falta, el celador fue a buscarlo a su cuarto y lo encontró morado, se había tragado su propia lengua. Fue muy sonado el tema. Su familia no fue al entierro, pero pronto corrieron ha repartirse la herencia, lágrimas de cocodrilo, eso si dejaron todo pagado, para que no se les notara demasiado el plumero. A los tres días fue su entierro, se velo en el salón central, donde la última noche y cuando todo dormía, tres compañeros con linterna, llegaron hasta el cuerpo presente y como sabían que ya nadie abriría el ataúd, aprovecharon para dar la vuelta al finado y dejarlo boca abajo, por si le da por salir o  un ataque de catalepsia, y si es por arañar y escarbar para salir, que sea para abajo, que de cierta calaña es mejor asegurarse. Cuando fue metido en el nicho, le dijeron al enterrador que ellos se encargaban de poner la lapida de granito y la leyenda, que no se preocupara que era deseo explicito de este buen amigo. Al menos tuvo compañía en su último adiós aunque él hubiera preferido a los de su partido y no al comunista, al masón y al maricón, que a costa de él, se lo estaban pasando pipa. Rezaba en la lapida los datos de Tomas, su filiación política con  Fuerza Nueva y aquello que tanto buscaba con una foto, el carné de la Falange, pero con Paquito, no esa descafeinada de Primo de Ribera, faltaría más. Terminado el velorio, entierro y demás zarandejas los tres amigos se fueron de vinos, sin dedicarle siquiera un descanse en paz…



NOTA * El estribillo corresponde al vals peruano “La Flor de la Canela” compuesto en 1950 por Chabueca Granda  &Maria Isabel Granda y Larco & (Catabambas, Apirimac, Perú 1920-1993)