jueves, 5 de diciembre de 2013

Variante de Desnuda la palabra "haber como te hablo de amor"


            
“Silencio, pesa, desnuda, idea, desconozco, reencuentro, orgullo, macula, renacer, luz. Del poeta “de la habitación, en el ángulo oscuro” dormir, duerme.
Luz, colores, matices, agua, viento, nieve, piedra, hierba y montaña, flores, vida y muerte, muerte y vida, Tálamo, mesa, pluma, abrigo, silla, ventana, chimenea, confort, espejo y mirada, Oscura, habitación, alma, tacto, ciego, poesía, pureza, reconocimiento, regreso, sueño, abandono y amor


                                   *         

Que pesa el silencio, del que observa como lentamente,
la oscuridad va engullendo, la luz de las mentes criticas
que un día fuimos
Que pesa la adormecida voz del bardo
que un día cantara nuestras excelencias

Desde el ángulo de la ventana, solo astillados marcos,
cristales rotos por donde se cuela la indeferencia.

El kalamo hendido, reposa sobre las hojas,
huérfanas de palabras,
Papel blanco de nieve
a la espera del matiz de la memoria,
que el orgullo calla y la soberbia ignora.

Cuanta lucha, cuanta sangre derramada,
cuantas vidas segadas,
por una idea que hoy nos parece huera.

Siento mi patria, mi tierra,
como un dolor traicionero que me atraviesa el alma
y tengo frío,

Las viejas historias que nos enseñaran,
al calor de la chimeneas, en las humildes casas,
hace tiempo que se han extinguido.

Que largo se me hace este invierno,
de yermos campos, troncos de árbol podridos,
levantamos gigantes como montañas, con los pies de barro.

Las aves de rapiña en sus testas majestuosas,
forman una grave corona,
donde impávidas observan el largo camino del exilio

Y en el camino una silla, y un abrigo

Dormido anda el poeta en la oscuridad del alma,
¡Que hace, que no despierta!
Si de tanto mirar quedo ciego, ¡que importa!
¿Por qué no canta?, ¡por qué no grita!
desde la ventana, que hay luz y esperanza

¿Tan desnuda y vacía se le quedo el alma?...
                        **
Un halo de esperanza,
nueva luz en la mañana
un renacer.

Despacio se levanta el viento
Que al  amor, el bardo nos canta.

Sobre el árbol un pájaro descansa,  
el guarda celoso, el canto que a la vida despierta.
La luz que perezosa se levanta,  
dejando tras de sí, vastos campos de flores,
Millares de hojas de hierba,
tálamo que ha de servir al alma,
donde la inspiración del poeta lentamente despierta.

Como digo… ¡levántate!, coge tu kalamo,
abre tu corazón otra vez
Que la brisa fresca, la mañana sin macula presenta
Y sobre la blanca nieve…
Compón el nuevo canto que nos brinda la vida
                                         …de amor y esperanza

                                                                                              Epi

Desnuda la palabra "haber como te hablo de amor"

Y el verso duerme, anida en lo más oscuro del alma,
presto a ser rescatado, llevado a la luz, sin macula.
Idea simple, desnuda, que el orgullo pesa, mundo encerrado
En el silencio espera el rencuentro con el poeta,
paciente, a que este lo rescate y lo  haga renacer de nuevo.
Mientras…  duerme, que dormir no es malo, alimenta el sueño,
que ha de ser reparador.

En la oscura habitación del alma
el verso lentamente despierta,
de luces y matices se engalana.
Encostrándose en la roca, para luego
dejarse mecer en la hierba, besar por la flores.
Esperando paciente al viento, que ha de llevarlo
de los pies oscuros de las montañas, a la cegadora cima
de sus coronadas testas nevadas.
Durmiendo en los árboles centenarios
para observar impasible como la vida y la muerte,
como la muerte y la vida,
Sin aspaventar  se renueva

Encuentra el verso el tálamo desmadejado,
caliente aun de la noche pasada,
Sobre la silla el abrigo olvidado,
Mi trémula mano paso, por si su esencia hallo.
Entran, descarados por la ventana los primeros rayos,
de este sol madrugador.
Aun en la chimenea quedan ascuas del amor que partió.
Recorro la gran habitación con la mirada y enfrentándome al espejo,
no reconozco en el mi reflejo,
Pero si el carmín que ella en un beso, graciosamente depositó

Derrotado vuelvo a la silla, sobre la mesa hojas garabateadas,
tachadas y encima la pluma que no encontró inspiración.
Y es extraño, que encuentro en esta lánguida melancolía
cierto confort.


En esta soledad, en que me hallo,
la noche oscura me sobrecoge,
Ya no veo la nieve, no tengo el aroma de la flor,
no mecen mis pensamientos sobre la hierba.
No me arrulla el viento en su eterna canción
ni duermo en el viejo árbol, no  queda vida ni muerte
A mí alrededor.
Regreso a la oscura habitación de mi alma
con la palabra pura, desnuda de todo artificio.
Y en la eterna sombra, mis manos te dibujan
como el ciego te reconozco, amor
Y de nuevo el abandono, el sueño reparador
No mirare por la ventana, envuelto en tu abrigo
Sobre la silla sentado.
Te espero, y espero ese beso sencillo
gracioso, que me ha de despertar, para darle alas
A este viejo corazón...

                                                                                 Epi

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miércoles, 4 de diciembre de 2013

Desnuda la palabra “haber como te hablo de amor”



En habitación oscura, desnuda la palabra, sin artificios, ni juegos florales, sencilla
sin adornos, fresca directa. Atreverse a crear con cuatro garabatos el recuerdo de tu amor.
“Silencio, pesa, desnuda, idea, desconozco, reencuentro, orgullo, macula, renacer, luz. Del poeta “de la habitación, en el ángulo oscuro” dormir, duerme.

Y el verso duerme, anida en lo más oscuro del alma
presto a ser rescatado, llevado a la luz, sin macula.
Idea simple, desnuda, que el orgullo pesa, mundo encerrado
En el silencio espera el rencuentro con el poeta,
paciente, a que este lo rescate y lo  haga renacer de nuevo.
Mientras…  duerme, que dormir no es malo, alimenta el sueño,
que ha de ser reparador.

Abro los ojos y veo.
Luz, colores, matices, agua, viento, nieve, piedra, hierba y montaña, flores, vida y muerte, muerte y vida

En la oscura habitación del alma
el verso lentamente despierta,
de luces y matices se engalana.
Encostrándose en la roca, para luego
dejarse mecer en la hierba, besar por la flores.
Esperando paciente al viento, que ha de llevarlo
de los pies oscuros de las montañas, a la cegadora cima
de sus coronadas testas nevadas.
Durmiendo en los árboles centenarios
para observar impasible como la vida y la muerte,
como la muerte y la vida,
Sin aspaventar  se renueva

Mirando a un lado, veo.
Tálamo, mesa, pluma, abrigo, silla, ventana, chimenea, confort, espejo y mirada

Encuentra el verso el tálamo desmadejado,
caliente aun de la noche pasada,
Sobre la silla el abrigo olvidado,
Mi trémula mano paso, por si su esencia hallo.
Entran, descarados por la ventana los primeros rayos,
de este sol madrugador.
Aun en la chimenea quedan ascuas del amor que partió.
Recorro la gran habitación con la mirada y enfrentándome al espejo,
no reconozco en el mi reflejo,
Pero si el carmín que ella en un beso, graciosamente depositó

Derrotado vuelvo a la silla, sobre la mesa hojas garabateadas,
tachadas y encima la pluma que no encontró inspiración.
Y es extraño, que encuentro en esta lánguida melancolía
cierto confort.

Y nuevamente. Oscura, habitación, alma, tacto, ciego, poesía, pureza, reconocimiento, regreso, sueño, abandono y amor


En esta soledad, en que me hallo,
la noche oscura me sobrecoge,
Ya no veo la nieve, no tengo el aroma de la flor,
no mecen mis pensamientos sobre la hierba.
No me arrulla el viento en su eterna canción
ni duermo en el viejo árbol, no  queda vida ni muerte
A mí alrededor.
Regreso a la oscura habitación de mi alma
con la palabra pura, desnuda de todo artificio.
Y en la eterna sombra, mis manos te dibujan
como el ciego te reconozco, amor
Y de nuevo el abandono, el sueño reparador
No mirare por la ventana, envuelto en tu abrigo
Sobre la silla sentado.
Te espero, y espero ese beso sencillo
gracioso, que me ha de despertar, para darle alas
A este viejo corazón...


                                                                                  Epi





martes, 3 de diciembre de 2013

“Pequeño relato para un poema a dos voces”



                                                 
Papeles y más papeles, de todos los tamaños de todos los colores, hechos bolitas arrugados, unos, otros con grasa, los más, de esos que te dan en la canecería. Notas pensamientos, ideas sueltas. Pena daba verlo, desmadejado, espantapájaros remendado. Solo, las más de las veces, y las pocas que se le veía con alguien, los chismosos siempre sentenciaban “de dudosa catadura”. Poco se sabía de él, que un día bajo del viejo autobús de línea, suponiendo que llegaba de la capital, que era poco suponer, pues entre el pueblo y la capital había unas siete paradas y de cada una llegaban al menos un autobús de otros lugares. Sus documentos estaban en regla, que ya se encargo el municipal del consistorio en requerir su carné, por eso sabían que se llamaba Juan Alba Heredia, pero él siempre se presentaba como Alba, no por que no le gustase Heredia o Juan, que denotaban su ascendencia gitana.
No, a él le gustaba Alba, le sonaba a fresco, a renovarse cada día, decía que era lo mejor de la vida. La despedida de la oscura noche, el calorcito tímido a primera hora y el despertar de todas las cosas, siempre tan optimista. Le gustaba por la mañana ver a los niños, ir corriendo y jugando para la escuela del pueblo, siempre tan alegres, con tanta vitalidad. Solían pararse a escuchar su saludo, y alguna historia de esas que les gustaban a ellos, llenas de fantasía, algunas de miedo y siempre seres mágicos que vivían en la espesura del bosque o al calor de las chimeneas de sus casas. Luego salían corriendo, cuando el maestro les daba la voz, mientras le hacia un guiño para que luego se pasara por la escuela, cuando esta había terminado.
Pedro el maestro, tenía por costumbre tomarse un vino, al terminar  la jornada, y desde que estaba Alba, le había cogido el gustillo por su compañía y charlaban largas horas, sobre el campo, las gentes y otras cosas que el vino hace decir a las almas, que en estado sereno serian incapaces de soltar tanto lastre.
Pedro tuvo un romance con una mujer del pueblo, María. Marchaban las tardes a pasear por los lindes del bosque, a María le hacia bien, cuando nadie los miraba se besaban con urgencia, y si nadie les seguía el le pasaba el brazo por el hombro y ella se cogía a su cintura y sin decir nada más, sin cruzar palabra, levantaban el mirar hacía el horizonte que las tardes eran en esa época auténticos cuadros campestres. Que ni el mismísimo Díos los pudo crear mejor. De vez en cuando cruzaban sus miradas y  ella se ruborizaba, como una colegiala. Ni la más hermosa de las rosas con su belleza se podía igualar, o al menos esto es lo que sentía Pedro cada vez que la miraba.

La mala fortuna, el destino o llámenlo como quieran. Una mala noche entre estertores, hizo que María no volviese a despertar, anclando a Pedro en la sordidez de su existencia, auto condenándose a vivir el resto de sus días en ese pequeño pueblo, sin más ilusiones que sus clases, el vino y ahora la compañía de ese personaje. Con el que, se podía permitir sacar de su interior todo ese dolor acumulado y encontrar en el amigo, la paciencia y la comprensión necesarias, para seguir un día más, en este mundo vacuo y desprovisto, de la fuerza y el estimulo necesarios para romper la monotonía, y así  tener al menos la esperanza, que justificara su existir.

                                                          
                                              

 Alba se limitaba a escuchar, en principio, mientras golosamente paladeaba ese rico vino que el bueno de Pedro le obsequiaba por escuchar sus cuitas. El respondía siempre lo mismo. Pedro, el mundo es más grande de lo que tú piensas y la vida aun que te duela, no acaba aquí. Ya se que María lo era todo, pero seguro que estaría encantada de que siguieras viviendo, conociendo gente, haciendo realidad vuestros planes. Desgranados en esos paseos vespertinos, alejados de las miradas insidiosas de los chismosos del pueblo. Seguro que le gustaría que tuvieses otra mujer, hijos en fin que vuelvas amar.
Pero ya Pedro andaba en otros mundos, en otras compañías, sentía como el sol calentaba su rostro, he imaginaba que andaba con María por la ribera del río, cogidos de la mano para despedir al día.
Ya sabía Alba, que a estas alturas de la conversación y el tomar copa tras copa, sumían a Pedro en su mundo particular. Es cuando él bajaba la voz hasta enmudecer y muy sigilosamente, se marchaba sin hacer ruido, llevando en el bolsillo de su desgastada chaqueta, el resto de vino que quedaba en la botella.

                                                          

Uno de esos días, no pregunten, que yo no sabría decirles. Como les decía, la mañana apareció envuelta en brumas, el sol a duras penas iluminaba y a duras penas calentaba. Alba tiritaba de frió, el café de Lucio aun no había abierto, y Alba tenia la urgencia de calentarse el estomago, como era habitual en él, con un caragillo de anís acompañado de un cigarro y de las crónicas del pueblo que el siempre charlatán de Lucio le gustaba adornar, como  juglar de esta corte venida a menos.
Ocurrió que se encontró con Julia, la mujer del alcalde, no era guapa como suele decirse, tenía un atractivo especial cuando miraba, un hablar tranquilo y suave, que hacían de la conversación más baladí, un deleite para cualquier oído. Alba, dejaba lo que estuviera haciendo y se apresuraba para coger, ceremoniosamente su carga y la acompañaba, dejándola siempre en la puerta de de casa, sin atreverse a franquearla, o a la salida del pueblo, donde ya alguna mujer la esperaba, para seguir juntas, el camino, el se despedía sin levantar la mirada que le delataba, y atropelladamente volvía a lo que estaba haciendo, pensando que de esta forma, podía en lo posible, mitigar, los falsos rumores, que esta sana actitud, pudiera perjudicar, a su honor. Pues la gente ociosa, parece estar en lo suyo, cuando realmente anda mirando la paja en ojo ajeno, sin ver la viga de desvergüenza y podredumbre que ciega y ensucia sus anodinas vidas.

Se enamoro el primer día que la vio cruzar la plaza, sin saber quien era, como si la luz de pronto brillase, por su sola presencia. Desde entonces, desde ese día decidió quedarse en el pueblo, sobrevivía a base de hacer favores, trabajos en el campo, unas veces segando, otras limpiando sarmientos de alguna viña y siempre arreglando cualquier contratiempo en la casa de quien lo solicitara, ya fuera un atasco, arreglar un granero o simplemente encalar la fachada. Solo una vez tuvo ocasión de hablar con ella, sin que nada ni nadie perturbara ese momento mágico. Cuando ella no miraba, el iba de sus ojos a su pelo, le encantaba el gesto que dejaba en algunas expresiones, y el volar tranquilo de sus manos, para explicar esto o aquello. Agachaba la cabeza y aspiraba el suave perfume, del tilo que ella, siempre llevaba prendido de sus ropas, a su lado se sentía inmortal como Sigfrido.

                                                        
         


La vida de Julia, era como otra historia más. En las zonas rurales aun quedaba el planificar las bodas, esa fea costumbre de mangonear la vida de una hija, en pos de un futuro y una felicidad incierta, para ella. Cuando en el fondo lo que se buscaba simple y llanamente, mejorar el status social y económico de los progenitores. Unos por aparentar y sumar hacienda y los más por salir de la miseria, y levantar con falso orgullo la cabeza. Cuestiones mercantiles, en detrimento de un ser, dudosamente querido. Ricardo, provenía de una familia de  grandes extensiones de viñedos, ganado vacuno y un molino propio, que con el tiempo había visto menguar su fortuna, por la vida disoluta del abuelo, que no pasaba una tarde sin festejos, las noches con cartas y los fines de semana en la capital con una joven amancebada, que le sacaba todo lo que podía y más, por los servicios prestados, caro le salía a la familia, el canto del cisne. Pero que se podía hacer, era dueño y señor de toda la hacienda y en aquellos tiempos ya se sabe…

Consiguió el padre de Ricardo, remontar algo su fortuna, de lo que pudo salvar, mando al muchacho a estudiar fuera.  Y con el tiempo, la necesidad de sus vecinos y el dinero que fue dejando, consiguió que su hijo llegara a Alcalde en unas elecciones, en las que solo fueron candidatos Ricardo y dos comparsas más, que se retiraron a medio camino, no sin antes pactar el precio de su suicidio político, dejando vía libre al único aspirante al cargo. Fue entonces cuando conoció a Julia, tendría unos 20 años y se encapricho de ella, que en esto de los enamoramientos, para ciertas personas, siempre queda en tela de juicio. Al padre de Ricardo no le pareció mal, daba lustre a la persona del Alcalde y como una mercancía más trato con los padres de esta.

Poderoso caballero, es don dinero, sin pena ni gloria, paso a ser esposa del Señor Alcalde, y no hablamos de los padres, por que Julia prefiere pasar esa pagina triste de su vida, que le condeno a esta otra. Con más lujo, sin precariedades ni miserias. Pero sin amor, como flor que pierde el olor, hermosa ¡sí!, pero sin esencia. Hasta que llego una mañana, ese forastero. Cambiándolo todo en su monótono existir.

Esa mañana como decíamos. Disculpen que me desvíe del tema, que le doy a la hebra y acabo como las comadres, divagando en dimes y diretes. Acompaño nuestro Alba a la señora Julia, que quedo días atrás para entregar unas muestras de encajes, de un vestido nuevo, con el que tenía el dudoso honor de asistir a una gala benéfica para los niños del orfanato de San Rafael, donde como era habitual, comerían y beberían hasta hartarse y cerrarían algunos negocios, con pingues beneficios para los cuatro afortunados de marras. Pues bien, en un susurro, le dijo:
- esta noche como hemos quedado, tu me estarás esperando a la entrada de Sarra, no te dejes ver, pasamos la noche en la casa que hay cerca del puente y mañana por separado subimos al autobús.
El asintió con la mirada, y se despidió en voz alta -¡Si no manda nada más, Señora Julia, me vuelvo a mis quehaceres! ella le dio una propina, como venia siendo habitual, por el servicio prestado, y el marcho como loco, pero no a trabajar, compro vino y se planto frente a la puerta de la escuela, hasta que Pedro le dijera que podía pasar.


Hermoso amanecer, Pedro iba con una sonrisa nueva, había preparado la maleta, puesto su mejor traje y espero a que los niños llenaran la mañana con su sinfonía de voces.
Hoy no habrá clase, ni mañana, el lunes mandan un maestro nuevo de la capital, yo marcho, que ya nada me ata en este sitio, pero antes quería despedirme de lo único que merece la pena y esos sois vosotros, he encargado a Lucio chocolate y churros que nos lo traerá a la escuela y luego marchare.
Entre algarabía de sonidos alegres, entre juegos, algún que otro llanto, despidieron los niños a su maestro. En el suelo de la plaza un remolinar de hojas secas, traían escritos estos versos, el agua de la fuente, espejo de los que mirar saben, un camino de flores y dos enamorados, ¿Quiénes? cualquiera sabe. Pedro marchaba tranquilo, alegre, se marcho su amigo, ahora el sería el siguiente que el autobús de la vida esperaba y solo salía al Alba…
                                                          

*De mirar tranquilo, son tus ojos en la clara mañana,
el viento en su constancia de viajero,
tu nombre susurra, y a mi me basta.                                  
Inmensidad, en revuelo de hojas secas,
que hasta la plaza llegan, en  rodar continuo,
sin prisas, 

Como manantial sereno,
leve desorden, que provoca la lluvia en su caer, 
hace saltar en mil pedazos,  el espejo que  tú rostro refleja,
agua fresca, vida que se  renueva, para luego recomponer sin falta.

-Si por azar, amor el destino, en su continuo rodar,
en la plaza de tu vida me dejó
que al verte mis ojos,
de mi cansado cuerpo, arrancó este suspiro.
Y mezclado entre las hojas,
sobre mí, me alzo para luego caer prendido,
como el suave cabello que importuna tu rostro,
ruégale al viento, que lo mantenga en alto,
para que no mancille tu hermoso rostro de blanco alabastro

*Siento los pulsos de primaveras renovadas,
sensaciones dormidas, 
savia joven que a mi corazón retorna.
Ya no es olivo mi cuerpo retorcido,
junco verde, flexible que a los impulsos de tu aliento,
dejo en su libre albedrío.
…¡Que tardas amor!

-Ligero el viento me trae, de los confines de la tierra,
donde los inviernos son largos, de cortas primaveras.
Viajando en el sueño, atravesando valles y montañas,
prendido entre los árboles,
en el canto de los pájaros entretenido.
Amor.
Adormeciendo los días, apresurando la partida,
como heraldo, va por delante mi aliento,
que invade tu cuerpo,
Haciéndolo danzar en armonía
cual  junco.

Y en gracia convierte mi impetuoso aliento
en tibios labios sedientos, que te rozan y en ese breve acto,
en mil mariposas se deshacen.

*Ven dejemos estas orillas
Apartémonos, del silencio cómplice de la gente.
Que mil sonidos contienen la noche, para los que saben escucharla.

No traigas luces, que de estrellas esta sobrada,
que la luna por un breve momento no salga,
para evitar las miradas no deseadas
sin que  sorprendan,
esta deliciosa huida del amado con la amada
Y partamos

- Ven amor, que mi cuerpo descansa apoyado
en el tilo, el agua fresca del arrollo, adormece
mi sentidos, en su murmullo constante, tu voz
he sentido.

La luz tornasolada del atardecer, me devuelve tu imagen
en mil tonos, sobre las gotas almibaradas del temprano rocío
despertando los aromas, embriagando los sentidos

Y no te he visto, pero esta hoja en mi pecho delata que te he
conocido, en otra época.
En ese futuro que el destino nos tiene
prometido

* No, desfallezcas, no arranques de tu pecho mi beso
en hoja convertido, que es amor, y aquí te espero
En la plaza del olvido, junto a la fuente, hendida mi mano
en su espejo, acariciando a si tu rostro.
Contando los minutos, en gotas me bebo el tiempo,
ansiando tu llegada

-Coge mi mano, amor que la espera ha terminado
El polvo del camino en los arroyos he dejado,
mi cansancio, entre los árboles como un viejo traje
colgado.

Coge mi mano amor y partamos,
Por el viejo sendero de las flores
Por el eterno camino de los enamorados….
                                                                                              Epi

lunes, 2 de diciembre de 2013

Por el viejo sendero de las flores


*De mirar tranquilo, son tus ojos en la clara mañana,
el viento en su constancia de viajero,
tu nombre susurra, y a mi me basta.                                  
Inmensidad, en revuelo de hojas secas,
que hasta la plaza llegan, en  rodar continuo,
sin prisas, 

Como manantial sereno,
leve desorden, que provoca la lluvia en su caer, 
hace saltar en mil pedazos,  el espejo que  tú rostro refleja,
agua fresca, vida que se  renueva, para luego recomponer sin falta.

-Si por azar, amor el destino, en su continuo rodar,
en la plaza de tu vida me dejó
que al verte mis ojos,
de mi cansado cuerpo, arrancó este suspiro.
Y mezclado entre las hojas,
sobre mí, me alzo para luego caer prendido,
como el suave cabello que importuna tu rostro,
ruégale al viento, que lo mantenga en alto,
para que no mancille tu hermoso rostro de blanco alabastro

*Siento los pulsos de primaveras renovadas,
sensaciones dormidas, 
savia joven que a mi corazón retorna.
Ya no es olivo mi cuerpo retorcido,
junco verde, flexible que a los impulsos de tu aliento,
dejo en su libre albedrío.
…¡Que tardas amor!

-Ligero el viento me trae, de los confines de la tierra,
donde los inviernos son largos, de cortas primaveras.
Viajando en el sueño, atravesando valles y montañas,
prendido entre los árboles,
en el canto de los pájaros entretenido.
Amor.
Adormeciendo los días, apresurando la partida,
como heraldo, va por delante mi aliento,
que invade tu cuerpo,
Haciéndolo danzar en armonía
cual  junco.

Y en gracia convierte mi impetuoso aliento
en tibios labios sedientos, que te rozan y en ese breve acto,
en mil mariposas se deshacen.

*Ven dejemos estas orillas
Apartémonos, del silencio cómplice de la gente.
Que mil sonidos contienen la noche, para los que saben escucharla.

No traigas luces, que de estrellas esta sobrada,
que la luna por un breve momento no salga,
para evitar las miradas no deseadas
sin que  sorprendan,
esta deliciosa huida del amado con la amada
Y partamos

- Ven amor, que mi cuerpo descansa apoyado
en el tilo, el agua fresca del arrollo, adormece
mi sentidos, en su murmullo constante, tu voz
he sentido.

La luz tornasolada del atardecer, me devuelve tu imagen
en mil tonos, sobre las gotas almibaradas del temprano rocío
despertando los aromas, embriagando los sentidos

Y no te he visto, pero esta hoja en mi pecho delata que te he
conocido, en otra época.
En ese futuro que el destino nos tiene
prometido

* No, desfallezcas, no arranques de tu pecho mi beso
en hoja convertido, que es amor, y aquí te espero
En la plaza del olvido, junto a la fuente, hendida mi mano
en su espejo, acariciando a si tu rostro.
Contando los minutos, en gotas me bebo el tiempo,
ansiando tu llegada

-Coge mi mano, amor que la espera ha terminado
El polvo del camino en los arroyos he dejado.
Mi cansancio entre los árboles como un viejo traje
colgado.

Coge mi mano amor y partamos,
Por el viejo sendero de las flores
Por el eterno camino de los enamorados….
                                                                                              Epi

Arre Rucio, arre


                                                                                 

 ¡Arre Rucio, arre!
que lo han conseguido
Arre Rucio, arre
que hay que publicarlo a este
pueblo dormido…
Que el que espera desespera.

Mira que esto no hay quien lo enderece,
mala gente que camina, que con el mal del hombre
hemos topado

¡Más Sanchos cuerdos! y menos Quijotes idos.
Que la avaricia y la ignorancia del hombre
en esta triste España ha vencido.

- pero si nunca ha desaparecido
- pues, eso… que ha vencido

Entre todos y cada cual a su manera,
con falsas promesas tiran para su hacienda
como si de un sayo se tratara, entre todos
la hemos partido.

Ahora que estamos desunidos
- ¿es que alguna vez lo estuvimos?
- ¿el qué?
- unidos Sancho, unidos
- pues, eso…

Quien cantara las alabanzas de lo que
un día fuimos.
En esta España de ahora, de siempre,
triste e ignorada.
De esta tierra nuestra,  ultrajada

Cierto que los tiranos los cría el pueblo.
Más no queremos practicar lo aprendido.
Que aquí cada uno de su capa hace un sayo.

¡Que me duele la indolencia!
¡Y la ausencia de sonidos!.

Las huellas de pasos cansados, se dirigen
al camino, para Alemania, Francia e Italia
a otros países se han ido.
Este errar constante, de falsos peregrinos
Son el hambre y la vergüenza, el orgullo
dolorido, de esas buenas gentes que se han ido

Savia joven, que brota despavorida
de este viejo olmo, de esta vieja patria dos veces
por el rayo hendida.
Savia que no ha de volver.
Soledades, que el alma nos ha de endurecer

¡Que España va bien!
Proclaman los heraldos de la desfachatez
Que España va bien pregonan los cachorros mal
nacidos de un bando y del otro también

- cuidado Sancho que no te engañen otra vez
- ¡en qué?
- que en esto de los bandos hay falsedad
pues son todos uno, y uno se mira el ombligo
también… que si yo voy bien… ¡España va bien!

Bien para los reyes
Bien para ministros y presidentes
Va bien para el banquero enriquecido
Bien para el que hipoteco nuestros destinos
Bien para empresarios, señoritos nuevos.
Viejos tahúres de antaño.

Que a perro flaco todo son pulgas
Que le bajen la soldada
Que agachen la cabeza y como el
niño yuntero, regresen con su corona de sal
de sudor recamada

¡Que no levanten cabeza!

-¿Quién canta?

Veinte soldados
Treinta del orden publico
Cincuenta ministros
Un presidente y un rey dormido…

- es la vieja tonada amigo sancho
Con la iglesia y el mal del estado,
hemos topado.

¿Quien nos ha ultrajado?
Charlatanes, disfrazados de
gobernadores, con promesas incumplidas
que en cueva de ladrones nuestras casa
han convertido


Libertad apresada
Cegada justicia
Palabra envilecida
desprovista de significado
que desnuda y sin sentido
la han acuñado.

Mientras la Diosa Europa nos mantiene en el olvido
Siempre mirando a otro lado, la hemos sentido

Pero ella me duele menos.
Porque lo que me hace daño
habita, aquí conmigo...

¿Donde mi señor,  Don Quijote?
¿Dónde, te has metido?
Que esta si es gran aventura
y urge deshacer tamaño entuerto


Que de tu fuerte brazo
tu sereno platicar y tu buen sentido
huérfanos andamos

Y marcha mi pueblo herido
al que, es triste batallar, y sentirse
como tú en la playa de Barcino,
hoy derrotados frente al mar.

Pero no queremos ser vencidos
Vuelve una vez más, con nosotros…
                                                            A batallar amigo…
                                                                                             Epi
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