martes, 4 de noviembre de 2014

El heraldo marcho dando paso a los jinetes…



Subido en el pulpito el viejo orador, extendió las manos abrió la boca y un sonido en cascada salio de la misma, las palabras caían al suelo, como piedras de una vieja torre que no pudiera mantenerse más en pie, los rostros de los asistentes miraban fijamente al orador sin verlo, hacía tiempo que asistían por pura rutina. El aire se colaba por la desvencijada puerta del hemiciclo, barría las palabras hasta juntarlas en una esquina, amontonadas, no decían nada, como un tintinear de campañillas, siempre el mismo discurso, las mismas moralejas, incluso el orador reconocía que se iban perdiendo, la solidez inicial del argumento, hasta convertirse en sonido monocorde y zumbón. Dejando a la gente indiferente, cada uno ensimismado en sus pensamientos, mirando desganadamente el reloj donde las horas parecían haber desaparecido, agujas que apuntaban al infinito, como cohetes que quisieran despegar y dejar esa luna anacarada, romper la gravedad y atravesar la esfera de cristal que las tenia presas.
Habían visto de todo, escuchado a todos, muchos de ellos asistían obligados por el que dirán, tiempos difíciles, demasiados observadores, delatores de un régimen que se iba desmoronando poco a poco, pero que en sus coletazos finales, eran tan mortales como la picadura del alacrán.
Nadie se planteaba en voz alta como habíamos caído en esa lasitud, un pueblo cuya mirada era como la del ganado cuando rumia, después de todo un día segando hierba, mirada bobina sin emociones, esperando impacientemente la hora en la que reunirse con el hacedor y dormir el sueño de los justos, para no tener que aguantar la vergüenza y la miseria injusta en la que  nos encontrábamos.
Hartos de esperar en las plazas para trabajar un jornal de sol a sol, un jornal que solo daba para un poco de pan, unos pocos arenques con más kilómetros que sustancia y un poco de aguardiente, con el que escapar de esta desidia y poder dormir de un tirón, sin sueños, sin imágenes, sin esperanza.
Tan anulados estábamos tras décadas de sumisión y miedo. Sin patria sin arraigo, hijos de nuestro tiempo, olvidados, y el futuro no era más esperanzador.
Los hijos llegaban a este valle de lágrimas tras el deseo y la urgencia, con brusquedad y sin amor. En un subirse las faldas, bajarse el pantalón, sin caricias, sin ronroneos sin una palabra amable. Semillas hueras la mayoría y las que daban su fruto, ya venían marcadas, como decía el poeta aquél, “coronas graves de sal…”



                                       *        *        *

Marcelo, sentado en la fuente del pueblo, Marcelo el aguador, Marcelo que traía entre sus manos una historia cruda, dura y áspera, como son estas historias que hablan de la bestialidad del ser humano, historias belicosas de las más rudas, las que más envenenan el corazón y ciegan el sentido.
De esas historias que empiezan con el orador, historias que nos llegan desde las ideas, de esas que a todos nos gusta escuchar, en las que nos gusta creer, por las que vale la pena luchar y arriesgar la vida y la hacienda.
Esas historias que nunca deberían de haber nacido. Cantos de Sirenas, que engañan el raciocinio, las mismas que provocan las guerras fraticidas entre familias e iguales, en esos tornados que sí o sí nos meten aquellos que viven de la palabra, que  van de pueblo en pueblo, envenenado oídos, anulando voluntades a favor de los señores de la guerra, de los poderosos que viven en grandes mansiones, de las falacias que nos exigen el esfuerzo, los brazos y a nuestros hijos.
Marcelo sabía de esas cosas, él era superviviente de una guerra sin sentido, de unas consignas que no llegaron a la razón pero que armaron a la gente, y esta ciega se lanzo a la barbarie, al holocausto como individuos, como pueblo. Para que unos cuantos instalados en el derecho, de ser lo que eran, vivir, como querían seguir viviendo, hijos hidalgos de la holganza, mantenidos por el trabajo ajeno, los mismos que compraban cuando algo se desamortizaba, expropiaba, con la intención de ser repartido entre todos y los más necesitados.
Pero la realidad es que siempre acaba en las mismas manos, en la misma oligarquía, las mismas sotanas y los tétricos uniformes con charreteras. Mientras el pueblo volvía a la miseria sempiterna, al ostracismo más absoluto, huérfanos de un guía justo y equitativo, a la espera de un rayo nuevo de luz, de algo de esperanza y Marcelo sabía que para que esto ocurriera, debía el pueblo de juntarse, todos a una, sin excepciones.

                                       *        *        *

-¡Marcelo, Marcelo!, gritaba José el Simple. Marcelo levanto la mano en forma de saludo, sonrió a José y este iba como loquillo a su encuentro.
- Tranquilo José, te esperaba para empezar la jornada, ¿o pensabas que marcharía sin ti?
José miraba a los lados nervioso, sonrojado por la urgencia, siempre llegaba tarde, apresurado y atropellándose en las palabras.
Marcelo dejaba que se fuera calmando, escuchaba pacientemente su letanía matutina, mientras sacaba de su bolsa, algo de pan con cecina, colocándola sobre la piedra de la fuente, e invitaba a desayunar a José, luego a eso de las nueve empezaban el reparto de agua, casa por casa, hablando con unos y con otros, escuchando sus quejas vespertinas, sus historias repetidas hasta la saciedad, comprobando Marcelo que a pesar de sus consejos la gente no hacía nada por salir de esa situación, no se rebelaban, tan solo escupían sus odios, juraban por lo más sagrado para terminar dando una propina a José por que así lo quería Marcelo.
La risa de José era de esas risas que la gente achaca a los locos que le ríen a la Luna cuando esta sale, como si ella les hablara, pero José reía por que le llamaban simple y el pensaba, pensaba mucho y concienzudamente y él como el resto del pueblo llegaba a conclusiones, pero no sabía como poner pie en pared a tantos abusos y desmanes. Aceptado en el pueblo, protegido por los adultos y los más viejos, correteado por los niños. Que en su inocencia llegaban a ser verdaderamente crueles con él. Subsistía haciendo favores, y encargos.
Desde que Marcelo llego al pueblo, se encargo de proteger a José, de llevarlo con él al reparto del agua, le enseñaba como había que hacerlo, las palabras que la gente humilde esperaban oír, el saludo y dedicarles el tiempo suficiente, sin abusar. Se fijaba José en todo lo que decía Marcelo, aprendía rápido, se sentía a gusto con Marcelo y este le trataba bien, no como el resto del pueblo que lo trataban con lastima como si fuera tonto.
Pobre decían las viejas cuando lo veían pasar, Dios lo ha hecho simple, un niño eterno en ese cuerpo de hombretón que se le esta poniendo.
Marcelo sabía que eso no le gustaba a José, al igual que sabía que no era tan simple como parecía a primera vista. José era de esas personas a las que le contabas algo y necesitaban algo más de tiempo que el habitual, para que pudiera contestar, eso sí cuando lo hacia, por lo general sentaba cátedra y levantaba algunas pullas, porque si algo era José es que nunca fue correctamente político, anclado en su simplicidad, José sentenciaba con todas las de la ley, al pan, pan y al vino, vino. Y no tenía otra forma de ser, sin dobleces, con la mirada limpia, sin guiños.




                                        *        *        *

A José el Simple, las noches de luna, se le podía ver en medio de la plaza, hablando solo, mirando a la luna, como si esta le contestara y entre monologo y monologo una carcajada, desencajaba el rostro de José.
¿Que no sabría la Luna de la gente de este lugar? se preguntaba José. Ella testigo desde el principio de los tiempos. Bajo su aura se mezclaban la pasión, los escarceos del amor, las más bajas pasiones los juramentos, la ira y la sangre, el filo de la navaja que nada tiene que envidiar al filo de la guadaña que porta la Señora. Las promesas y los grandes discursos, las traiciones que derivan de estos arrebatos, el contradecirse constantemente. Tal es la  condición del ser humano, desde que llego al mundo. Dar lo ajeno y prometer lo que no se tiene intención de cumplir, por que sencillamente es imposible.
Discursos que juegan con la necesidad, con la miseria, con la pobreza intelectual del vulgo. Discursos oportunistas, que no populistas pues estos son moneda de cambio de todos los oradores, de todos los vendedores de ilusiones, que se ceban en vidas peregrinas, insatisfechas, traicionadas en un momento del camino, que se quedaron solas por que el guía los abandono cuando ya no eran necesarios para sus planes.
De esto sabía mucho Marcelo, pensaba José, que se cobijaba todas las mañanas bajo ese árbol de la ciencia, que espoleaba su cerebro, haciéndole pensar una y otra vez y comparar con la visión diaria de las gentes del lugar, de cómo sus palabras traicionaban sus intenciones, ya por la necesidad de llevar algo a la mal trecha economía  familiar, ya por miedo los unos y por ignorancia los otros. ¿No seria Marcelo un agitador? y por eso la gente  recelaba algo de él, aunque esperaban a que estuviera solo y lo asaltaban a preguntas mirando siempre con desconfianza alrededor, a las ventanas veladas del vecindario o a esos paseantes, que demoraban el camino.
Decía José, que todos tenían sed, y que por eso acechaban a Marcelo para que saciara sus dudas. El discurso fluido, saber escuchar y por que no, enterarse un poco de la vida personal de él.
Una mañana antes de lo habitual, José cruzo la plaza como una exhalación, con las manos sujetas al borde del jersey donde llevaba ocultas las letras que encontrara en la esquina del oratorio, esas que se caían de la boca del orador, palabras viejas, trilladas una y otra vez, sin lustre, abandonadas a merced del olvido. José que las vio, las fue juntando todas y se las llevo esa mañana a Marcelo. Llamo a la puerta, Marcelo miro el reloj de la mesita y se extraño, quien sería a esas horas, si el agua no empezaba a repartirse hasta que no dieran las nueve en el reloj de la plaza.
José dejo sobre la mesa de la entrada, su pequeño tesoro de palabras desordenadas, pensaba que estas se podían limpiar, darle lustre y colocándolas en orden, dejar ver el secreto, la solución a los problemas que asolaban a los vecinos. Atropellándose en las palabras, miraba con ojos de esperanza a Marcelo, mientras le urgía para que ordenara ese desbarajuste que había colocado sobre su mesa.
Marcelo termino de despertarse, coloco la cafetera en el fuego, saco el pan algo de chacina y echando hacia un lado de la mesa las palabras sueltas, le pidió a José que se sentara y se calmara. -Todo a su momento decía tranquilo, todo a su momento. Mientras desayunaban, Marcelo ordenaba las palabras, dando un sentido. Donde antes había desolación, ahora y con paciencia se  podía ir vislumbrando una historia, que hacía referencia al viaje del gran  Ulises (Odiseo) y los Argonautas.
- Dice la leyenda, que Ulises deseoso de escuchar el canto de las Sirenas, y siguiendo los consejos de la maga Circe, mando que los remeros del Argos taparan sus oídos con cera para no caer en el hechizo del canto de estas y que a él lo ataran al mástil para así poder saciar su curiosidad. De esta forma gozo el gran Ulises del melodioso canto de las Sirenas… con lagrimas en los ojos, veinte años de ausencia y de guerra pasaron como un suspiro por la mente de Ulises, vio su Itaca, a su amor la bella Penélope mientras los cantos, endulzaban sus oídos haciéndole promesas de prosperidad y paz para él y los suyos. Cuando la nave salia de la influencia del canto de las Sirenas, el corazón de Ulises se entristeció y su cuerpo se retorcía de dolor, provocado por el alejamiento del canto tan cautivador y zalamero.  Dando urgencia a sus hombres por que  las cosas que le habían prometido enturbiaban su semblante, sospechando el mal que provocara tantos años de ausencia. Ahora sabía Ulises que si quería lo prometido por las sirenas, tenia que ser por su brazo y su determinación, donde hallaría la solución y no esperanzado en promesa vanas, pues aunque había grandiosidad en el discurso y mejoras de futuro, se daba cuenta que tan solo eran promesas echas al viento, rumores con los que se corría el riesgo de desaparecer…

                                       *        *        *




Hoy el viento sopla por las cuatro esquinas del pueblo
Abandonado
De sus árboles cuelgan hojas de papel en blanco
La palabra hace tiempo que se desprendió de ellas.
Solas recorren los cuatro confines a la espera de ser recogidas
                                                  *
Hoy no quedan manos
No quedan corazones ni tan siquiera razones por las que escuchar
Hoy la gente dio la espalda a las instituciones,
La vieja guardia hace tiempo que se replegó,
Nadie se fía de nadie, los rostros que pasan tienen cosidos los labios.
                                                  *
Sangre solo sangre y dolor, tangibles, cuantificables.
Fustigando conciencias,  el heraldo pasó de largo
Incendiando el país con sus consignas, buscando
Otras gentes a las que zarandear otras luchas otras causas,
Para que se dignifiquen así mismas,
Para decirles una y otra vez que ellos son la solución a sus problemas
Y no los oradores cíclicos, vendedores de humo y sueños…
                                                  *
Los mismos que robaron la hacienda
Los mismos que envilecieron la palabra
                                                  *
Hoy es el pueblo, que ha despertado de su letargo
Hoy por fin todos a una, gritan al unísono… ¡Basta!
                                       El heraldo marcho dando paso a los jinetes…
                                                                                                Epi

jueves, 23 de octubre de 2014

De Manuela y el mar... "Felicidades"



Había una vez una mar inmensa
Un agua queda, espejo de múltiples colores,
Reflejos de muchas tardes y de muchos soles.
Una bancada de piedra y unos pescadores de sueños.
Había un cielo que empezaba al fondo gris,
Luego te quemaba un poquito, como para sacarte los colores,
Alguna bruma lo tamizaba
Dejando por encima un azul que al final de la tarde agonizaba.
Había un sueño que flotaba y un pequeño vaporcito con el que soñaba.
Soñaba que en el se montaba y el patroncito no la dejaba,  
Ella como niña, puchereaba, pero el patroncito le contestaba
que ya estaba repletito, pues cuarenta cuentos llevaba y ninguno más esperaba.
Amigo le dijo ella,
Soy la primavera y me acompañan mis hermanas,
Mira con cara risueña y pide con ojitos soñadores…
El patroncito se acordaba,
Era la muchacha que amaba la montaña y se escapaba por el mar  
Acordándose de su nombre le dijo
¡Manuela, subirás al vaporcito no me digas más!,
Te llevare a ti y a tus hermanas al puerto de san Fernando
Siguiendo la costa como buenos filibusteros dejaremos atrás Chiclana,
Pasadito cabo Roche hay una cala y un chiringuito de mil amores,
Un arrocito y un cafecito en el bello Conil a ritmo de carnaval,
Un bañito en la playa del Palmar,
Y al run, run del vaporcito
Escucharemos los ecos de lo que un día sucedió en Trafalgar,
Lindo faro
Y detrás los caños donde piratas de antaño
Cogían el agua dulce que de sus paredes rezumara.
Escamas de dragón como la plata parecen las bailas
Que entre la espuma cabalgan cuando las olas rompen
Y un sin fin de gaviotas las delata  
En un sueño doblaremos Tarifa y con el viento a favor llegaremos a Palmones.
¿Quien te recogerá? que mi barquito tan a la orilla no te puede dejar,
Que tiene quilla y puede embarrancar.
No te preocupes patroncito que mi amor allí estará y a los cuarenta cuentos, a mis hermanas las estaciones y a mí, a todos de un abrazo en la orilla nos dejara.
Contaba lento el patroncito, cuarenta cuentos, tres estaciones más la primavera… ya esta cuarenta y cuatro… no esta nada mal pensaba
Pero ya no había nadie, Manuela en sus alcornocales, una foto en su bolsillo del mar
Y cuarenta y cuatro historias que esta primavera soñará…
¡Felicidades Manuela! desde la orilla del mar yo conté tres historias, algún que otro día te contare más…
                                             …El Buhonero y que cumplas más y más

                                                                                                                Epi

martes, 21 de octubre de 2014

Lamento de Adán...



A imagen y semejanza… ¡hipócrita!, aislado, engañado. En el paraíso decía que estaba,
que me vio solo y algo echaba en falta, que andaba incompleto. Y cierto, fue lo único bueno que dice que hizo. Sobre lecho de flores y verdura hallaba descanso mi cuerpo y os juro que fue el despertar más hermoso que he tenido jamás y tendré.

Sentí un beso en el costado, debajo de mi corazón y una paz infinita se apodero de todo mí ser, al abrir los ojos, encontré los suyos deliciosamente enfrentados a los míos. Una igual, por que su mente pensaba, su rostro sonreía y las más bellas palabras se desgranaban de sus labios carnosos, me enseño de los pies a la cabeza mi verdadera humanidad. Filosofábamos bastante sobre el sentido de la vida, y que hacíamos aislados en esto que le dio por llamar Edén, cuando aseguraba que la vida seguía más allá, que otros como nosotros de diversos colores, con rasgos diferenciales e igual de hermosos vagaban fuera del Edén.
Que de animales diferentes estaba poblada allende de nuestra hermosa jaula, de vergeles y selvas, y cientos de palabras surcaban libres en distintos idiomas, conocimiento y sabiduría al igual que las cosas malas, las grandes barbaries atribuidas en su nombre.

Que gran payaso, prestidigitador, embaucador de sueños, de grandes quimeras imposibles, esclavo de sus pasiones, egocéntrico taimado, ser mimado.
Pues no me suelta, que ha creado el mundo, que en el principio todo era caos, que separo la luz de las tinieblas, y del verbo hizo al ser y luego se hecho a dormir. Cada vez que despertaba, chasqueaba la lengua y modificaba su supuesta obra. –Hoy te daré el libre albedrío
¡Hipócrita! si mi historia ya esta escrita, si al crearme me condenaste de antemano, hiciera lo que hiciera, mi final sería el mismo. ¡Hipócrita! como todos los gobernantes que ha habido a lo largo de esta densa historia, eterno déjà vu, ¡conmigo o contra mi, no hay vereda de en medio, no hay otro camino que el suyo, camino de esclavitud, de adoración obligada, de loas por habernos hecho de mala materia y es qué en su borrachera aún cree que nos hizo, doble de sí mismo, ¿en que reflejo se vio él reflejado? para decir que somos a su imagen y semejanza.
Qué o quién insufló aliento de vida a mis huesos, hechos, con el polvo primigenio de las galaxias, con el polvo primigenio del universo. Eso es tirar alto, cuando lo sencillo es declarar que fue cuestión de tiempo de mucho tiempo, de una ardua tarea en el gran laboratorio de la naturaleza, que sí o sí tenia que llegar… y al final nos damos cuenta que somos una anomalía, una aberración de ella misma, de hilar fino, de buscar la creación más perfecta para al final, ser los artífices del Apocalipsis, reventar el paraíso por los cuatro costados, asolar la tierra como un viento solar, arrasando y fundiendo toda  vida conocida.

Mientras por otro lado, ese que se hace llamar “el Gran Arquitecto”, no es nada más que el fruto de los miedos, el fruto del abandono, de la ignorancia que nos lame aún la memoria desmemoriada, mal programada.
Huérfanos de no se sabe que padres.
¡Él!, el omnipotente, omnipresente, el gran ombligo, es ahora el gran manipulado. Su supuesta creación se ha rebelado, su imagen borrada, semejanza tan sólo retórica.
En su nombre nos hemos embrutecido, en su nombre las mayores y más sangrientas acciones, hasta la locura, el holocausto, la sinrazón, la carne mortificada, el miedo que nos roe el alma, la duda el vacío, la soledad y siglos de oscurantismo. Él, que llego, “beso el Santo”, retirándose a sus sacrosantos aposentos, para observar con alevosía como su supuesta obra se viene abajo y terminar como empezamos, “de estos polvos, estos lodos”

¡Y vosotros Hipócritas!, lobos con piel de cordero,  vendedores de bulas, ministros oscuros, vosotros sois los desterrados, vosotros que meáis alto, tan alto que aún así os salpica en las piernas, que revienta vuestras bubas, fruto de vuestra iniquidad, nos negáis el paraíso, condenándonos al la infructuosa  espera de algo mejor, cuando sólo somos materia y una vez consumida la vela, nos quedamos sin luz, sin guía en este frío encierro, a la espera que el devenir de los días nos valla pudriendo, devolviendo a la tierra lo que es de ella. Y el resto… tan solo energía, imposible de retener, que se escapa hasta desaparecer y volver  de nuevo a la vida, pero sin los recuerdos. Galimatías en torre de babel, con cruz o con luna, con múltiples brazos, de distintos padres, de distintas civilizaciones, denominador común, tiranía de la fe. Fundamentalistas sin fundamento… Ideas que matan, subversivas dirán ellos, sustentadores del miedo. Y aún se jacta de haber creado al hombre, a su imagen y semejanza…

Yo que tengo en mi genealogía todos los nombres, yo que me han llamado Luxfero, Eosforo, portador de luz, portador de la Aurora, hijo de Luciferina o la antigua Dama Oscura. Ejemplo de belleza y sabiduría. ¡Yo que he pagado los errores del omnipresente, del Gran Arquitecto, yo que he sido señalado, vilipendiado hasta el extremo. Vosotros que me habéis llamado Satán el adversario, el soberbio, para vuestro corto entender soy Lucifer, príncipe, ángel caído, revolucionario.
Yo que baso mi saber en mi dilatada experiencia, ando al final de mis días rebelado contra la vida misma. Que me arrebato el beso de mi costado, que cegó mis ojos para no verla más, yo que he estado condenado como el judío errante a vagar eternamente, dando vueltas por el mundo, siendo testigo enmudecido del destrozo del paraíso, una y mil veces arrasado una y mil veces parcelado, por la codicia vuestra. Yo que os se cobardes, que tenéis la desfachatez de masacrar en nombre de una invención, a vuestros semejantes…

Ya me siento arto, cansado y me siento aquí voluntariamente, hasta que la muerte física me haga desaparecer en este trocito de paraíso sin alambrar, sobre este lecho de flores donde yace mi amada, mi beso, mi igual, esa que las distintas lenguas han llamado con diversos nombres.
Lilith, Nin-ti, Pandora, dadora de vida, portadora de vida y sabiduría… en fin Eva.
Aquí delante de ella, o de lo queda de ella, con los recuerdos felices de mi memoria, con los miembros cansados, la piel avejentada y una débil visión.
Con el odio intacto por vuestros desmanes, con el odio intacto hacia vosotros por permitir que mi igual fuera denigrada, ultrajada, por haberla puesto debajo de mí en el escalafón y no a mi altura.
A estas alturas de mi solitario existir, tan sólo quiero salir del paraíso con ella, regresarme al sueño, aunque este sea eterno, pero siempre con la dulce esperanza de despertar con su beso en mi costado, sus ojos deliciosamente enfrentados, con su dulce voz, enseñándome quien soy en realidad.
… A la espera quedo de mi sueño   ¡Yo! Adán 
                                                                                                     Epi

viernes, 17 de octubre de 2014

Nos, que cada uno de nosotros somos igual que Vos ...



"Nos, que cada uno de nosotros somos igual que Vos y todos juntos más que Vos, te hacemos Rey si cumples nuestros fueros y los haces cumplir, si no, no"
                    BLANCAS, Jerónimo.
                    Coronaciones de los Sereníssimos Reyes de Aragón. 1585.

                                                 *        *        *

O lo que es lo mismo y actualizado.

“Yo, que cada uno de nosotros somos igual que vosotros y todos juntos más que vosotros, te hacemos Presidente y a vosotros Ministros, si cumples y cumplís con nuestros derechos y necesidades, nuestras libertades y nuestro bienestar  y haces cumplir el programa por el cual os nombramos, si no, no”. Y valga el mismo juramento para toda la oposición, por que el buen gobierno de una nación, no solo depende del que gobierna por toca, sino de todos los que os halláis en la Casa del Pueblo


·       Robáis a manos llenas, malversáis, os tapáis, hacéis que gastos presupuestados, nos cuesten al final el doble o el triple
·       Si cubrís al poderoso, cuando somos nosotros los que os mantenemos a vosotros
·       Si engordáis a la sombra del poder y luego nos abandonáis
·       si embargáis nuestros bienes en respuesta, si nos endeudáis como país y ciudadanos y tenéis la desfachatez de decirnos que hemos estado por encima de nuestras posibilidades, para cubrir vuestros pufos
·        Si faltáis a la palabra, faltáis a la protección del más débil  en beneficio de vuestros intereses
·       si cuando se viaja por el ancho mundo, es a riesgo nuestro tengamos medios o no para solucionar nuestros imprevistos, si vuestros raseros de medir son distintos según para quien en detrimento del ciudadano anónimo y nos sentimos desprotegidos
·       si para pagar el coste abusivo de vuestras políticas, tenéis que desmantelar el país, malvender los recursos, infrautilizándolos antes y hablamos del sector publico, para vender a la baja a vuestros acólitos con la insana intención de aseguraros un buen retiro para cuando ya no os quieran, por sinvergüenzas
·       Si pasáis los años de desgobierno, favoreciendo a los grandes para acabar como asesores en justo pago y a costa de toda la nación
·       Si tenéis la gallardía de dimitir, y en este caso por una pataleta, por que  la propuesta perjudica al partido, ha vuestra codicia, poniendo en peligro vuestros sillones.
·       No es tal la gallardía, si al día siguiente en vuestros pactos de salón, el doliente empieza con un sueldo desorbitado como asesor, de no, se que zarandajas que os sacáis de la manga
·       si no se os cae la cara de vergüenza y habéis llegado a perder el norte, permitiendo que las filas de la vergüenza, del hambre, del paro, de los desahuciados, sean el paisaje habitual de cada mañana
·       Si la educación, se ha convertido en comedor encubierto
·       Si los más necesitados, los más frágiles, el futuro de este país, sueña con llegar a la escuela cada mañana para poder comer, olvidando todos, grandes y chicos, padres, tutores y maestros, ministros de lo social y de educación, presidente y monarca de esta nación, que estamos tirando el futuro por la ventana y condenando al ostracismo por varios años a toda la nación. y no se nos cae el alma al suelo.
·       Si os movéis con el dinero de los particulares, con tarjetas negras que traen más cuenta que las visas oro, si encima cuando os cogen en flagrante situación, dilapidando lo que nunca os perteneció y encima ante el juez tenéis la desfachatez de insultar al pueblo a la cara, con esos sueldos astronómicos, y no son capaces los jueces de acabar con vuestros huesos en la cárcel para escarmiento y devolviendo todo lo que habéis sustraído
·       Si por fallo, se enferma de muerte y es  por negligencia vuestra, por que en vuestras ansias de rapiña y destrucción habéis desmantelado, la investigación, los hospitales al uso. “Y la única responsable y negligente es, esa persona que haciendo su trabajo, tuvo la mala fortuna de contagiarse, por que los medios que tenían que estar para emergencias no existen” por que de tanto recorte vamos a terminar por vendar las heridas con papel carrocero…
·       Si de una pensión de un anciano ha de comer toda una familia, si los parados son de larga duración, si las ayudas se acaban, porque entendemos que son temporales, igualmente entendemos que la situación de esa familia ha mejorado con un trabajo bien renumerado y digno, pero no es cierto. si nos catalogáis de vagos, de parásitos del sistema, por que no hay trabajo y el que hay es precario abusivo y mal renumerado y con la coletilla de “arreando que la cola hay más”, si llamáis contrato el estar toda una mañana para darte de alta en el paro, en un contrato de dos horas y toda la mañana del día siguiente para darte de baja por que se acabo el contrato. No llega a ser lo comido por lo servido, si no que encima hay que ponerle dinero y tiempo, para escuchar “son unos vagos”
·       si solo pactáis para iros de rositas, para que lo más bajos en vuestra filas se coman los marrones de los grandes
·       si nos llenáis de vergüenza a nivel internacional, por que preferís poner precio a la dignidad humana, a  la vida y dejáis que los de esa calaña campeen a sus anchas, mientras a las victimas la criminalizáis.

Por tanto os decimos...
Que Nos, y cada unos de nosotros, no os queremos como iguales
Que Nos y nosotros, todos juntos seguimos siendo más que vosotros
Que Nos y nosotros, nos desdecimos y no te queremos como Presidente, ni a ellos como ministros
Por no cumplir: con nuestros derechos y necesidades, nuestras libertades y nuestro bienestar  y hacer cumplir el programa por el cual os nombramos, Y como diría ese rostro ausente de bigote ¡Márchense! ustedes
Y para toda la oposición.
Por que el desgobierno gobierno de una nación, no solo depende del que desgobierna por toca, sino de todos los que os halláis en la Casa del Pueblo y habéis estado lasos viéndolas venir….
                                                  
                              Ea, buen día y sean ustedes moderadamente felices
                                                                                                              Epi

miércoles, 15 de octubre de 2014

Cincuenta pasos en Noviembre...



Cincuenta pasos, no se cuanta sabiduría se acumulan en cincuenta pasos, ni cuantas cosas buenas. Cincuenta historias al unísono, unas veces en solitario y otras con buenos y malos caminantes.

Gotas de agua que juntas conforman una vida. Acumulación, afluentes, arroyos y meandros, aportaciones que trae la lluvia, fríos témpanos, fuera de estación y corrientes calidas cuando más se necesitan.
Generoso río que guarda la memoria, los restos de temporal que atesoran a la deriva la vida de este insignificante mortal, que llego cuando las aguas de este otro río más grande, andaban presas, cuando no se le permitían dar saltos, coger velocidad, rizar, dar vueltas sobre sí mismo, desviarse e invadir otros arroyos, ni tan siquiera mezclarse en los afluentes de la sabiduría.
Años oscuros de absolutismo, de sacar bajo palio a la bestia, de marchas marciales, de dar por bueno lo poco o nada que ofrecían, de no ver más allá de de tus narices.
Viejas doctrinas caducas antes de estrenarlas, años de miedo, de falsa educación, de falsos respetos. Por que donde habita el miedo, la mediocridad, la ignorancia, las palabras pactadas, los discursos breves en nombre del nuevo orden, de escuchar en silencio, mirando hacía otro lado para llegar a entender a esas generaciones grises, sin sustancia, encefalogramas planos sometidas por una fuerza superior, ¡eso no es respeto. ¡A eso se le llama miedo!

Lobo con piel de cordero, sustentado en la ignorancia, en traiciones oscuras, desapariciones ha cielo abierto, falto de ideas y libertades, pueblo sumido en la desidia en la hambruna, miradas de bajos vuelos, frentes humilladas, de manos sarmentosas que se ciernen sobre una gorra, de un por favor, que hoy no hay nada en la mesa, de rodillas reventadas de tanto pedir a nadie, de encomendarse, a santos patronos, vírgenes de palo. Para terminar en  revuelo de sotanas, que Dios proveerá.

Piel de toro agujereada, ríos que se secaron nada más nacer, vidas que no pasaron del manantial por que una deflagración así lo quiso, por que el pájaro de hierro, pasó con prisa y vomitó sobre los campos y las ciudades, toda su ira, años de oscurantismo, de aguas infectadas sin vida, sin futuro, estancas.

Años de no mirarse a los ojos, infancias robadas, de hacinamiento, de no saber por que seguimos  dando vueltas estériles a esta maldita noria, rueda sin fortuna.
Tempestad, noche oscura metida en agua, fogonazos de luz, azufre en el aire, incertidumbres y más miedo a lo que esta por venir.

Nueve pasos, hicieron falta para la regeneración. Se empezaron a aclarar las aguas, las primeras fisuras de ese muro de contención que mantenía a raya cualquier brote de esperanza. A esas alturas desde la distancia, mantengo mi copa en aptitud de brindis… como peces boqueando fuera de los estuarios, descubriendo las branquias por primera vez, oxigeno inesperado y un hálito de luz en millones de miradas.
Amputación necesaria, que la parca se apresuro en recoger, loas al perro del Cerbero, son esos muertos necesarios para que la vida continúe, rayón necesario en el vinilo, cambio de pareja, cambio de orden, dejamos la copla de doble sentido, el paso doble y nos metemos en el rock and roll, en la protesta, en nuestro particular mayo del 68 siete pasos después, que no vamos a mirar, ya que nunca es tarde si esa dicha es buena.
Loas igualmente a los artífices, a los que por una vez, unos y otros miran, sin que se note mucho, con simpatía al verdugo.
Brindan en la intimidad, como niños que juegan a mayores, se preparan las estrategias, los cambios de consignas, las pequeñas muestras de libertad incipiente aún, coger los mejores puestos de salida, los cambios de camisa, los depredadores de ayer, exigiendo el bocado de mañana, pero todo en el anonimato más absoluto.

Apaleando al de siempre, pero con menos fuerza, como si en cada golpe te dijeran que son necesarios, -mejor yo,  que él me vea. Que no, note el cambio, es preferible. A él le tiembla el pulso, pero no dudara en acortar tu estancia, en hacerte desaparecer como si no hubieras existido, vertiendo tu esencia en el rió del olvido.
Aun es tiempo de ir con pies de plomo, de cubrirse con las sombras, de no señalarte para que el ojo, el oído y el dedo del delator no se posen sobre ti.

El camino sigue, unas veces al calor del sol, otras con el miedo reflejado de esos que están por desaparecer, de esos que no saben donde refugiarse, quien les ha de mantener, dar sentido a sus estériles vidas. En fin los pasos siguen, como siguen las aguas hacía el mar, como emigran las aves ha otras latitudes en busca de comida y espacios más calidos.

Once pasos, la bestia agoniza, más peligrosa aun si cabe, cada movimiento de este engendro moribundo esta envenenado, aun mata, y con más rapidez, el tiempo apremia, los acólitos apremian.
Desde fuera resurgen las voces de aquellos que tácitamente nos condenaron, de aquellos que no era su guerra, que no era el momento, cuarenta años de aguas turbias, cuarenta años de desaparecidos, cuarenta años de cantarle al sol, con la camisa nueva aunque no hubiese, ni para comer.

Cuarenta años despegándonos de la vieja Europa, del sueño de libertad. Mientras Europa dormía. Europa vivía su renacer, observando con dudas el desarrollo la incógnita de esa vieja nación que un día fue tan grande, que no se llegaba a poner totalmente el sol en sus dominios.
Cuarenta años de dictadura consentida por los pueblos libres de la vieja Europa, subsidiaria del Nuevo Imperio, del nuevo mundo, ese mismo que utilizaba al resto de países como patio de atrás, donde experimentar su terror civilizado, sembrando barbaries por doquier, creando monstruos en sus fabricas de West Point, en nombre de no se sabe que libertad.

Pero el vocero sale, más demacrado, inconfundibles ojeras, rostro macilento que rematan dos apéndices desmesurados, insensibles al sufrir del pueblo. Con el miedo apenas controlado, generación de adoctrinados que ahora queda huérfana, con voz chillona y afectada nos da la nueva buena, como un padre a sus hijos, a esos que no conoce de nada a esa turba de hombres y mujeres grises, casi en un susurro nos dice -“el ha muerto, viva España”.

Dos mocos y un par de lágrimas, marchas militares, estado de excepción. Brindis con copas forradas, para que no se oiga el chin, chin de la esperanza, se dispara la venta de puros, colas interminables donde se mezclan mil contradicciones, colas de incrédulos, filas de notarios anónimos para certificar la muerte del que tantas vidas sesgo, en competencia desleal con la Parca. Se pierden las agallas y se empieza a respirar a pleno pulmón, tímidas cabezas que asoman por encima de ese río.

Revolución de claveles en el patio del vecino, ya era hora que su perfume traspasara la raya y nos fuera contagiando.
En fin, durante este caminar, paso a paso mucha gente buena, y mala, mucha gente perdida, otra no tanto, desentumeciendo los músculos, las ideas, las palabras olvidadas recobrando su significado, su poder.

En estos cincuenta pasos, amigos y enemigos, la mochila del caminante, guardando la memoria de lo que ha sido y de lo que es, a la espera de nuevos acontecimientos. Agradecido a todos los que pasaron por su vida, para bien o para mal, añorando a los que marcharon, disculpando a los que abandonaron, a los que miraron de soslayo y les pudo la vergüenza, pero no lo suficiente para darte su mano y sacarte de ese arroyo que lentamente te diluye, hasta hacerte desaparecer.

Los últimos pasos, los últimos ocho pasos, más serenos, más cansados, me llevan a los últimos amigos, tan preciados como los de antaño, pocos pero buenos, no enseño las manos para que no podáis contarlos.
Para mi son suficientes, no necesito más, con sus cosas, como todos, pero en definitiva mis amigos, los que este caminante ha cogido. Junto con el fruto generacional, el más preciado, y el más frágil, ¡bendita vaina portadora de vida!, flor entre las flores, gacela en los cantos del Rey Salomón, mujer de marfil, mano sobre mano, con la sonrisa y el llanto, con la sangre y el grito, con la primera bocanada de aire fresco, el primer rayo de luz, reposa tranquilo sobre la tierra de leche y miel, elegido entre un millón, copia perfecta de dos.

En esta  sociedad que por desgracia trae impresa imágenes que suponía olvidadas. Las colas de la vergüenza, el hambre provocado por esos mismos que salieron hace catorce pasos, los mismos que jaleaban el cambio, son los mismos que han saqueado la casa del pueblo, los mismos que han arrasado con el saber, los mismos ignorantes y prepotentes, son los mismos de ayer, los que nunca se marcharon, los que plantaron su ira y su odio en las generaciones que hoy mandan. A esos no les daré nada, ni tan siquiera el reconocimiento de las pocas obras buenas, nos dieron el botón y nosotros les devolvimos el traje, gritaron libertad y nos enrarecieron el aire, dijeron igualdad y sembraron el caos, los mismos que nos culpan por enfermar, los mismos que se han dormido en la marca.

Dejando a estos trapisondas al margen, decir y agradecer al final de los cincuenta pasos. El que estéis hay, a los viejos y a los nuevos amigos, un sincero abrazo y el poder caminar al menos otros veinte o treinta pasos a vuestro lado… no es mucho lo que pido.
                                  Y sí, mi eterno agradecimiento.
                                                                                        Epi

miércoles, 8 de octubre de 2014

Flor de mi imaginación...



Y habitas en el sueño, flor de mi imaginación,
y cada noche al caer el día, es primavera inerte
ya que acariciarte no llego.

Como alas en el vacío me disparo en inútil vuelo
dejando atrás tu imaginado cuerpo
Como eterno romero solo avanzo
hacía la mañana que no deseo
Como las manos en su intento inútil por retener el agua,
cuenco  roto que entre los dedos te me escapas,

Caprichosa como el aire,
soy como el niño que intenta  apresarte y es tarea enorme,
en el viento viajan los restos de mi memoria,

Mi maleta es pequeña… liviano equipaje
tan solo unos besos alguna que otra mirada furtiva
la sonrisa que se escapa de tu boca, beso grabado
terciopelo carmesí
como herida en el  costado,
penitencia que con gusto llevo,

Es condena dulce que herir pretende,
en cada amanecer te desvaneces,
la mañana me dice que nunca has sido,
que nunca te he tenido ¡y yo se que miente!,

Como mienten las horas que a ti me devuelven,
esas horas que devoran los días
horas que al igual que me acercan, son las mismas que te alejan
horas que son olas, marea caprichosa que no se detiene

Pido a la altiva Señora que no salga,
que su luz delata la soledad de este pobre existir,

Y se, que es quimera, sueño imposible,
presentarte al mundo
decirles que tu belleza rivaliza con las estrellas,
que de ti no guardo impronta que mostrarles pudiera,
que vives en mi mente, mi dulce prisionera,

Como contarles que eres luz, que eres mi amor viajero
sin puerto, sin escalas, que ciego y mudo ando
figurante eterno como árbol en medio del páramo
mis brazos al cielo levanto y mi llanto son las hojas
que el viento furioso arranca, como rocío sobre los campos
mis lagrimas derramo

Esperando que el día claudique, 
                                                   ...Flor de mi imaginación
                                                                                                        Epi