Un beso,
es una comunicación húmeda y callada Un beso es la puerta de entrada al sueño ¡y por soñar que no quede!
Un beso es tamizar las palabras
que escapan sin orden ni concierto, Un beso es estar más lejos de lo mundano, Un beso es una carta de bienvenida, Un beso es perderse y no querer regresar, Un beso es el aleteo de alas de mariposa, Un beso es frontera de tu boca y la mía. En fin ¿que no daría yo por un beso?
por
un leve roce de nuestros dedos,
una
mirada que se pierde y en la nebulosa de ese instante,
seguir,
suspirando hasta anclar ese beso en lo más recóndito del corazón
Tenerlo a mano para recordar que una vez fueron esos,
tus
labios los que se llevaron mi beso,
dejando a cambio la indeleble huella de tus labios. Un beso, es un hasta siempre Amor...
Epi o el Buhonero
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miércoles, 11 de marzo de 2020
Recordando a "Cyrano. ¿Qué es un beso?":
lunes, 13 de enero de 2020
Buen año, y muchos mas...
Ahora que los años van pesando,
ahora que el escroto me llega al suelo,
ahora que tan solo me crecen las orejas
y la nariz,
ahora que estoy más calvo que ayer,
ahora que solo me sale pelo en las
orejas y en la nariz.
Os puedo decir, que por fin :
Viajaré a Turquía, no para ver Santa
Sofía ni Capadocia,
pero si para que me cultiven la cabeza,
con pelos del trasero,
ordenadamente sobre ésta venerable
testa.
Viajaré a la Meca del Cine,
allí donde por un pastizal,
me haré una bolsa de piel para las
monedas
y tener mis güendolines recogidos.
Ahora que veo menos que Pepe Leches
y todos sois figuras borrosas,
me queda tan solo la música de vuestras
voces para distinguiros.
No me supone pena alguna
pues es como empezar a conoceros de
nuevo.
para recibiros tuneado como los locos
años 20... 2020.
Espero y deseo encontraros igual de hermos@s que siempre,
llenos de vitalidad.
Versos y abrazos, risas y lágrimas de más risas.
Versos y abrazos, risas y lágrimas de más risas.
Con todos mis 365 días por estrenar.
Vuestro viejo 2019…
Y recordad que Itaca tan
solo es la isla que mora en vuestro
interior,
donde todos queremos llegar en algúnmomento.
Buen año y como siempre
"sean moderadamente felices"
Epi o el Buhonero
miércoles, 19 de junio de 2019
Todas las palabras...
palabras que cubran la fría realidad,
ahondando en el corazón para exprimir su sentido,
desfilando por mi mente, para darles pragmatismo,
ya que desnudas de significado las he encontrado.
Por los mercados de la memoria,
letras sueltas voy adquiriendo,
letras, que forman pequeñas islas que emparejadas
se mueven en constante vaivén
Sobre la superficie espumosa de los mares,
donde la vida anda oculta en sus profundidades,
pequeños acentos pulen las miles de calaveras
junto al escaso coral,
pequeñas ciudades de diminutos peces,
entran por una boca,
saliendo por el balcón de miradas perdidas hace tiempo.
Busco la esperanza robada,
la honra ultrajada,
la herida que sangra,
el motivo final que justifique lo injustificable.
Y, en las profundidades solo hallo silencio
nada que me hable de ti
nada con que poder recuperarte,
tu anónima historia, queda a la deriva,
sin playa fija donde poder recuperarla
amontonada junto a las algas,
que se pudren bajo un sol indiferente.
La voz del vigía, suena como la del almuédano,
uno llama a la oración el otro encauza la deriva.
A estribor queda la mar inmensa,
mar en plata las veces,
recoge lo que las profundidades no quiere,
dando a babor sobre la espuma de las olas
los versos olvidados, en el interior de viejas caracolas,
vocablos ermitaños salen cautelosos,
preñados de significado
Pero no hay más sordo que aquél que no quiere oír
y no es que sean ciegos,
pero miran al sol para deslumbrarse el tiempo suficiente
para no ver como las lagrimas...
llegan mezcladas, llenas de fuerza y sal.
Cada uno en su faro, eterna atalaya
cada uno en su jerga.
Uno solo quiere hablar con un dios, o con uno mismo
pues el primero es hijo del segundo.
El otro hablar a la mar inmensa,
preguntar por la tierra prometida,
por la nueva vida…
Que no llega.
Remolona se retrae, juguetea con la brisa
se deja querer, sintiendo la caricia eterna de la madre oceánica
¿Quién quiere puerto, fijo?
quién, hollar la tierra con sus pasos
si toda la luz queda al fondo, en ese mágico horizonte
y toda la sal de la vida le rodea
Que quiere el almuédano, si te increpa para la obediencia
para creer sin ver, para no discutir,
y en tu plegaria como en la del sacerdote, tan solo palabras
hueras
que a fuerza de repetir ya no entiendes
Pero nadie se acerca a la orilla a reclamar tu ausencia
nadie piensa en ti, que nunca llegaste
Pero yo se a ciencia cierta…
Que más halla de los mares, siguiendo las lenguas de tierra colina
arriba,
en el hontanar donde nacen las historias, que paralelas corren
a lomos de viejos manantiales,
hablando con las flores, repiqueteando en las piedras.
Tu alma se confunde, en la noche larga
tan solo puede ser vista en las lenguas plateadas
que la luna refleja
Y por un instante, junto al aullido del lobo,
el viento lleva en su regazo tu imagen y queja,
tu amor intacto, tu inocencia perdida,
todo se derrama y esparce llegando al delta,
donde mañana se volverán a mezclar con la mar
donde dormitan olvidadas,
Todas
las palabras que cuentan tu historia…
Epi o el Buhonero
lunes, 3 de junio de 2019
“Amanece, que no es poco”
La mañana se presenta algo
nublada, unas finas gotas se deslizan de las nubes, diluyendo ese manto de
agujas escarchadas, dejando un brillo sobre el ocre de las hojas caídas.
Un grito salvaje tan reciente
como antiguo, recorre la soledad del paraje. A lo lejos y a resguardo de una
gran peña, en cuclillas se perfila una figura de mujer agachada, el sudor
perlado de su frente delata un dolor y un esfuerzo que deberían de estar a
resguardo, pero la naturaleza que no para, trae vida allí donde nunca se supone
que pudiera desarrollarse, obviando las leyes de los hombres.
Y sin más, el milagro de la vida
se descuelga, ella presurosa, con las manos amoratadas del esfuerzo y el frío
coge al recién nacido y amorosamente a falta de hoja afilada, corta con sus
propios dientes el cordón que la une a la nueva vida, limpiando como puede ese
pequeño cuerpo, liándolo con su toca de
lana, lo amarra a su pecho, dejando que el instinto del neonato busque con su
olfato el pezón de vida, su primera ingesta después del golpe de aire que ha
puesto a sus diminutos pulmones a trabajar, mientras ella como puede, se
limpia, con agua del pequeño arroyuelo, que serpentea el páramo partiéndolo en
dos.
Levantándose a duras penas y con el doble pulso, el de su
pecho y el de su vástago, camina tambaleante hacía el viejo caserón medio en
ruinas, se acerca con la esperanza de encontrar un alma caritativa, que pueda
socorrerla en este trance, para no morir en mitad de la nada, con el temor de
que la noche llegue y hagan su presencia los lobos y cuando piensa en los lobos
no lo hace exactamente en esos antepasados de los canes, sino en los civiles
que hacen la ronda nocturna al acecho de
los contrabandistas y ya se sabe que en la noche todos los gatos son pardos.
Los niveles de necesidad y de
miseria se habían disparado, manteniendo una década después de esa guerra
fraticida, una hambruna sin parangón, donde la imaginación de la escasez se
alimentaba de mondas de patatas, pan escaso y negro, una agua chirri que hacía
la veces de café y con un poco de suerte una pella de tocino rancio, que era
sacado entre caldo y caldo con un más
que pelado hueso blanco con ausencia de tuétano.
Mujer de un republicano
de esos que al acabar la guerra se tiro al monte y se hizo por fuerza maquis,
es lo que quedaba, no quiso cruzar la frontera y prefirió compartir fortuna con
ella. Se vieron por última vez en casa de un amigo común, estaba de viaje y les
dejo quedarse mientras, esa luna de enero era como un cuadro en la ventana.
Se dijeron poco pues el miedo y
la urgencia no daban para más, fundiendo los cuerpos al compás de la noche, los
ritmos de sus corazones y el pulso que se refleja en las sienes, dieron paso a
las manos que en un principio tímidas siguieron el curso que dan estas cosas,
la ropa tirada por la habitación, bajo las mantas los versos se fueron
convirtiendo en una prosa tranquila que exploraba sus cuerpos, la luz de su
último día los fue despertando, un café negro y un trozo de pan les fueron
devolviendo las fuerzas y la nostalgia de la separación.
Tomas baja tranquilo por la
accidentada senda, que se va cortando cada cien o doscientos metros, de no
limpiarla y ser el único que se atreve a transitarla, unas zarzas de espino
invaden descontroladas la senda, haciéndola intransitable en algunos puntos.
Tomás no le da mucha importancia, ya sabe de sobra como sortear, abriendo
pequeñas veredas, que unas veces atajan y otras lo desvían de la senda
principal unos cientos de metros.
Desde que su madre murió, dejo de
bajar al pueblo, tan solo cuando era imprescindible para adquirir, algún apero
de labranza, unas arrobas de vino y calzado, pero eso era cada quince días
siempre los jueves cuando se permitía la venta ambulante y la quincalla invadía
la plaza del pueblo. Los puestos mostraban las heridas de la desolación, ropa
usada, remendada y vuelta a remendar, abrigos del ejercito vencedor, gorras y
botas de no se sabe quien, ni de que guerra eran supervivientes, pero para
Tomás eran las que el necesitaba, el hacía cambalache, la nueva moneda tardaba
en llegar y la anterior estaba desapareciendo a marchas forzadas, los
recaudadores del nuevo régimen se afanaban en retirar dicha moneda repartiendo
a cambio unos pagares que nadie cobraría, salvo aquellos que apoyaron la
insurrección, los que vieron venir al lobo y decidieron ser más salvajes que el
propio lobo.
Tomas de pequeño, como todos los
niños, jugaba a la guerra, por aquél entonces nada más que llegaba la radio y
no a todas las casas, en el bar de José estaba la más grande, donde cada tarde
noche se reunían los viejos del pueblo a escuchar el parte de guerra, y un par
de aparatos más, uno del ayuntamiento y el otro del cura. Las fortunas, si es
que las hubo alguna vez, recogieron sus bártulos, la bajilla y pusieron pies en
polvorosa, ellos no es que apoyaran al
ejercito contrario, pero sabían de buena tinta que cuando los ánimos se
calentaban como estaba pasando en la capital, los milicianos los corrían hasta la
valla y ya no volvían.
Es lo que tiene movilizar al
pueblo, armarlo y darle un poder sobre la vida y muerte de sus congéneres como solo
pasa en estas situaciones.
Cerrando las haciendas a cal y
canto, en México se estaba mejor, país que acogía a todo aquél que emigraba
escapando de la desolación, las persecuciones, los ajustes de cuentas
vecinales, incluso disidentes del partido que ayudo a ganar esta barbarie,
instaurando una dictadura, de la que no se sabía cuando terminaría.
Sentado a medio camino, Tomas
saca una vieja pipa de olivo, la llena de tabaco de picadura, comprado en el
callejón del tuerto, donde la pareja de civiles hacía la vista gorda, siempre
que a ellos les cayera algo para sustentar a sus familias, la miseria era
generalizada y la escasez azotaba tanto a vencidos como vencedores, tan solo el
contrabando mantenía a duras penas el chorreo de necesidades básicas o superfluas
como el tabaco, y algunas tan importantes y tan escandalosamente caras como la
tan necesaria penicilina.
Cuando termina de darse ese
pequeño placer, sacude la pipa contra su mano dejando caer la ceniza y las
pocas briznas de tabaco que por el grosor más parecen astillas que tabaco
picado, es lo que hay, mete la pipa en el bolsillo y al levantar la vista
encuentra entre su casa y el viejo árbol un bulto que apenas se mueve. Un
llanto infantil le acelera el pulso y corre hasta él, tal es la sorpresa cuando
encuentra en el suelo a una mujer desvanecida que a duras penas sostiene sobre
su pecho a un recién nacido, coge el bebe y corre hasta casa para dejarlo sobre
el camastro y sale en busca de la mujer, ya con ella a cuestas parece no
pesarle, es todo huesos, el hambre y la huida han ido mermando el inmóvil
cuerpo que apenas y con gran esfuerzo, sigue luchando por sobrevivir. Una vez
en casa, prepara artesanalmente una tetina que coloca a modo de biberón sobre
su taza metálica, dando a la criatura un poco de leche, después prepara con las
ropas que encuentra, un pequeño vestuario para cambiarla y que entre en calor,
una vez echo, queda dormida en el centro del camastro, cubierta por una raída
manta, conseguida en el mercadillo de los jueves en la plaza del pueblo. Luego
se dirige a la madre, busca si tiene heridas, la limpia como buenamente puede y
la deja descansar. Marcha hacia la cocina, se sirve un vaso de vino mientras
mira con ternura a la pequeña y piensa que todo es extremo en el páramo, pero
mañana será otro día y las cosas se verán de distinta manera, como solía decir
su padre... “Amanece, que no es poco”
Epi o el Buhonero
La luna besa su cabeza, y en su llanto Derrama fina plata entre sus mechones oscuros…
No hubo testigos, ni
tan siquiera gritos, la noche se fue envolviendo en un fino manto de niebla, la
vieja plaza les venia ni que pintada, las luces de las farolas habían sido
rotas con anterioridad y el ayuntamiento no se esforzó por sustituirlas. Claro,
la plaza era frontera entre la crema de la sociedad provinciana y la
marginalidad más absoluta y ya se sabe que en estos casos, con que este la zona
comercial y el centro bonito, al resto considerados arrabaleros, se las traía
al pairo.
Por el pasaje van tres personas una de ellas va agarrada por ambas
manos, el miedo le nubla la mente y no puede reaccionar, sendas lagrimas
recorren un rostro desorientado, un golpe seco en la cara acabo con ella en el
suelo, la arrastraron hasta la casa puerta más grande que había, una antigua
cochera del siglo pasado, oscura y sucia.
Le arrancaron la camisa y el sujetador,
la falda se la rasgaron, se propasaron durante una media hora, toda una
eternidad. Ella se abandono y en su interior viajaba hacía sitios calidos,
verdes praderas, buscando en su interior la felicidad que ya no volvería a su
rostro durante mucho tiempo, la mente es curiosa en situaciones limite.
La inocencia partida, y el amor que brinda la amistad quedo reducido a
suciedad, ¡traicionado!
Una vez hartos los dos degenerados, la dejan tirada en el suelo,
desnuda, con el labio partido y un ojo amoratado, ella se había desmayado, el
cuerpo en su autodefensa había preferido desconectarse y ellos con el nerviosismo
salen corriendo, por debajo del antiguo arco de la judería. No hubo testigos,
nadie en su auxilio.
Tan solo la Luna,
esa vieja amiga que siempre la acompaña, monto guardia, esa noche lucía más
fuerte, como si quisiera llamar la atención o dar la alarma, pero aún así nadie
vino a socorrerla.
Llora la Luna sobre su cabeza,
Las argentas lagrimas mezcladas
con su pelo
Crean meandros de fina plata
Que ya nunca desaparecerán de
su cabeza.
Una pareja de ancianos, pasa por
la plaza y se encuentran la tragedia consumada, acurrucada en el
soportal, con la camisa rota, la falda manchada de sangre. Cuando la estaban
socorriendo, le dijeron que iban a llamar a la policía para que la ayudaran y
pudiera denunciar la agresión, ella les pide que no lo hagan, se viste como puede,
sacando fuerzas de donde no las tiene, tomando ambas manos de los ancianos les mira y sin
mediar palabra, marcha.
Al llegar a casa, suspira porque no encuentra a nadie, mejor así, no
tener que pasar por el calvario de revivir, el miedo a una muerte, la vergüenza
de ser violentada (ni que tuviera la culpa) tira la ropa camino del cuarto de
baño, y una vez que el agua está caliente, se mete debajo. Derrumbándose,
sentada sobre el plato de la ducha, una lluvia constante, se mezcla con la sal
de sus lágrimas, no sabe cuanto tiempo he permanecido en esa posición, se lava con saña, con violencia,
frota todo su cuerpo, haciendo que la sangre vuelva a circular. Se siente
sucia, ha sido ultrajada, violada y golpeada, usada como un objeto y tirada
como muñeca de trapo, arlequín inarticulado, sus miembros no responden, por una
vez el cuerpo desobedece a la mente y en su frustración, como navajazos, la
vida echa jirones, ha cambiado brutalmente. Sin una explicación plausible, pues
estos agravios no la tienen por mucho que se les busque, con una sensación de
culpa, en la que nadie supo consolar ni quitarle la pesada carga que se abate
sobre sus hombros.
La lluvia cae calida sobre el
asfalto,
Hilos de sangre se mezclan
El eco de su grito ahogado,
Ahora se empieza a escuchar
Como un batir de pies sobre el
suelo, en una antigua danza
La Luna
cambia su plateado semblante
Se viste de sangre
Loca busca entre la gente,
Quienes son los monstruos que a
su amparo
Y en vergonzosa retirada
intentan disfrazar los hechos
Con su ausencia precipitada, no
hay lugar para vosotros,
En el aire flota la amenaza…
¡Sed de venganza!
Porque ya no se puede restituir, una felonía de tal envergadura no hay
juez que la cubra,
no hay ser viviente que justifique o quite hierro a tamaña salvajada. Pero
ya se sabe. Donde naces, en el barrio que te crías, hay un variopinto
muestrario de gente buena y gente de muy mala catadura, los términos medios no
sirven. Donde conviven la ignorancia y el derecho de supremacía por haber
nacido varón es lo que queda.
Cuando son dejados, olvidados y sus crianzas estan forjadas de abusos,
de desengaños, de falta de amor y compresión, cuando sus progenitores están
totalmente desestructurados y su mundo no llega más allá del arrabal, donde son
dueños y señores de tamaño gueto, en el que la policía justifica su no entrada,
porque los sueldos no dan para tanto y son recibidos a tiros o a pedradas
vecinales.
Pero no nos engañemos, la trama estaba bien montada. Ellos no
pertenecen al arrabal. Son de los seudo
señoritos, esos que vienen de las antiguas hidalguías, que prefieren tapar a
sus mal criados cachorros que enfrentarse al fracaso de su dejadez, por no
discutir con ellos y no ponerse en su sitio cuando era necesario. Vamos que un
par de leches bien dadas a tiempo hubieran evitado muchas cosas.
¿Donde estaba el mundo cuando la más débil era impunemente violentada?,
los defensores de estas causas, no aparecieron, la ronda fallo, andaba de café
en no se sabe donde.
El aullar de las sirenas llego tarde, donde ya no había nadie
Un par de ancianos escrutan la noche, ellos, llamaron al orden y esperaron,
hasta que la sirena despertó al vecindario, que no se sabe si alguna ventana
hizo de ojo indiscreto, y si fue así, no tuvo el valor de llamar a la policía o
poner el grito en el cielo para que esas malas bestias hubieran huido, y no
terminara la noche como lo hizo.
Los ancianos hablan acelerados con el custodio que llego tarde, este
les pide que pongan orden y que hablen de uno en uno.
*¿Donde esta?, pregunta el agente
-No quiso esperar, no quiso denunciar a nadie, dijo la anciana
*Así no se puede hacer nada.
-La luna viste de sangre y eso no presagia nada bueno, ya en el pasado
vimos algo parecido, y al culpable lo encontraron un año después en el fondo de
un pozo, amarrado de pies y manos y colgado boca abajo con la cabeza hundida en
el agua estanca del pozo, fue a finales de los cincuenta, nadie lloro la
perdida, nadie puso interés y se echo tierra sobre el caso, como si nunca
hubiese pasado nada. Solo una flor blanca que nunca habían vistos por esos
lares, y que en el periódico aparecía como flor de las nieves.
*Anda caballero, déjese de leyendas y si no tienen más que contar,
marchen para casa…
Tres mese después, en un descampado fueron hallados dos cuerpos
carbonizados, en un aparte sobre un mojón de cemento, se encontraban las pertenencias
personales, las carteras con sus documentos y una escueta nota donde se
explicaba quienes eran, y el por que de su muerte.
Como decían los ancianos, la luna que esa noche fatídica de hace tres
meses vestía sangre, se torno en una mano caritativa, que tomo venganza por ella.
Tan solo llamaba la atención, cuando el forense, abrió sus bocas para
tomar una huella dental que pudiera confirmar quienes eran, encontró en la cavidad de sus bocas, con
sendas flores de Edelweiss.
El arrabal fue volviendo a la tranquilidad de las tardes soporíferas,
al final del arco se veía pasear a un para de ancianos, cogidos de la mano y
con una sonrisa bobalicona en los labios.
-¡mujer! donde las dan, las toman
-Que el señor bendiga los pasos de ese justiciero
-…baja la voz que nos pueden escuchar
-¡Si no escucharon, el dolor y la angustia en su momento! ahora que van
ha hacer, denunciarnos, anda José no seas timorato.
El sol fue perdiendo terreno a favor de la luna, las única farolas seguía
sin luz, la vida palpitaba en los rincones, y tras las celosías los ojos de los
cobardes seguían el devenir de los escasos viandantes que cada noche se exponían
a no volver…
Epi o el Buhonero
domingo, 26 de mayo de 2019
Hoy en Florencia... para Manuela
Mar jaspeado por
donde tu pisada doblega momentáneamente las olas que el viento mece, dejando
pequeñas gotas de rubí, botones de oro a rebosar de polen, millar de gotas
nevadas en sus pétalos y el morado de los lirios que sin ton ni son se
esparcen. Zumbido sugerente de viva actividad, llevando en el abdomen la
promesa de vida, que el néctar generoso pone a modo de cebo pues todos han de
sobrevivir y perpetuarse.
Alba que trae el
nuevo día, cantar de cantares que ya los quisiera el viejo Salomón, que si la alondra
o el ruiseñor, pero más alegre me resulta el del gorrión, pequeños verderones,
y a ras de los manantiales, el vuelo veloz de vencejos y golondrinas, que a
beber sin parar o mojar su blanco pecho en un alarde sin igual de coreografía,
para levantar vuelo hasta confundirse con el azul del cielo.
Ya en los viejos
postes, en las semiderruidas espadañas o en torres mil, vuelve a anidar la esbelta
cigüeña, en danza de amor. Palillos son sus picos, en ese entrechocar se
despereza el cortejo nupcial que habrá de culminar en dos o tres polluelos.
Noche suave, mar de
plata, inmensos trigales donde la luna danza, coge la nube y a modo de velo
coqueta, su faz cubre, haciendo que luciérnagas se esfuercen en brillar, en
constante reclamo y es en la noche donde se cuece la vida que ha de llegar con
las primeras luces del amanecer.
Un buey pasta,
buscando la sombra, que ya el sol aprieta, enloqueciendo a tábanos y
moscardones, frenético trabaja el rabo que espanta a tan traviesos compañeros.
Estancia fresca,
suelo de barro, cuatro sillas y una vieja mesa de veteada madera, espera a ser
colmada, dos o tres vasos, jarra de limonada, la abeja descansa y renueva
fuerzas, el azúcar que mancha el borde de la jarra, es la ambrosia de estos
pequeños seres, la mosca que zumba loca de aquí para allá, de la mesa a la
jarra de la jarra al pan, del pan a tu cabeza, manotazo y vuelta a empezar
Lavadero de noble
piedra en un “si yo te contara, las historias que el agua lleva” si te contara
la de manos cortadas por la fría agua, sabrías que el niño de Serafina se lo
llevo la guerra, y la de Asun, su única niña sirve por un plato y cama en casa de ese que no se nombra. Y que
a Eleuterio le dio un aire y así ha quedado el pobrecillo.
Hoy solo corre el
abandono, los vasos llenos de tierra y hojas secas, los caños por donde
escapaba el agua, estan carcomidos, ahora ojos de cíclope sin lágrimas, de uno
cuelga el hilo de seda en cuyo extremo se balancea la araña, a la espera de
terminar su trampa para que un espíritu libre le sirva de alimento
Al final de la
calle, en el ángulo más oscuro, donde
solo la luz hace su aparición a eso del medio día, dejando ver, el vetusto
musgo sobre la piedra en la misma esquina alguna plantas trepadoras dan algo de
vistosidad, para terminar volviendo al oscuro silencio, donde ya nadie ha de
mirar hasta el día siguiente. Es ahí donde se tercio un día el amor, sin
buscarlo, llegando de pronto, como las cosas que no esperas ya sean para bien o
mal, que no hay un orden y un por qué.
Con la gorra calada
sobre el ceño, cabeza baja como el que busca algo, la toba del cigarro apagado
y una mirada llena de luz, el caminante, romero impenitente, sin más ataduras
que las propias que él se impone, se deja abrazar por ese sol mañanero que
todavía es más luz que brasas, mientras por su lado, los niños pasan en loca
carrera, amalgama de sonidos invaden la
estrecha calle, llenando el aire de risas y del “tu la quedas”...
Hoy en Florencia celebran a un tal
San Felipe Neri…
Con la memoria de los olores
A la alquimia del perfume,
Donde un olor dice más que mil
palabras ya que por él llegamos a esas instantáneas que la memoria asocia, y
como dice el canto aquél…
“Uno vuelve siempre a
los viejos sitios donde amo la vida”…
A esas pequeñas pinceladas que
conforman este gran collage, que es la vida en si misma. Ya que en definitiva,
todo nos es dado en esencia, en pequeños frascos.
En ese rinconcito donde duerme,
Impregnada la memoria de mil
sensaciones.
Donde el almizcle fija, cítricos y un millar de flores.
Y digo hoy que es tu día…
En particular,
(Pues todos son tuyos),
Que me trae el recuerdo de algo que
casi se me olvida,
Como siempre mi cara amiga…
Felicidades en este día,
A manos llenas, que te colmen de
besos y de buenas intenciones,
Aquellos que son familia
Y estos otros que son amigos.
Para que mañana y los siguientes
amaneceres,
Sean dulces y amables,
Que ya tú les iras imprimiendo
carácter y urgencia según vayas necesitando.
Como siempre un beso para ir sumando,
de tu amigo…
El Buhonero o Epi
* La cita pertenece a Armando Tejada “Las
simples cosas”
miércoles, 24 de abril de 2019
Barcino y Alonis…
Donde
las palabras toman sentido
En
hilo de Ariadna, este laberinto tejo y
al viejo Eolo lanzo para hacéroslas llegar… donde yo humildemente no puedo
Con
el dolor de no teneros, os llevo, donde nadie pueda mancillar el recuerdo da
saberos amigas, de este siempre Quijote, caballero de vuestra cuitas, amigo que
en su último viaje, subirá por la costa de AL
Bahr Al-Mutawasit, hasta Alonis y juntos iremos a Barcino, frente al mar como cantara el
poeta (L. Felipe) nos Sentaremos
los tres…
Las flores se quedaron ahí, las palabras escritas
nunca llegaron
Se quedaron en salida sin encontrar el camino
La tinta se fue diluyendo ocultando el pensamiento,
La quimera de los sueños, no fue impresa esta vez
El rojo de los pétalos, marchito queda,
Mariposa muerta de tus labios que ya no pronuncian
La luz que un día danzara en tu mirada
Hoy solo olvidada,
En la retina de mi memoria el ámbar que rodea el negro
de tu pupila
En la nada de las cosas me sumerge
Hoy que tengo la palabra, no tengo tu sonrisa
Hoy que pasó las hojas en blanco, pues tu ausencia se
llevo lo escrito
Me siento solo, en el quiosco de las flores
Y siento tu ausencia como un desarraigo
Y no tengo a quien implorar
Pues este baile, este tango de desgarro
Deja un amargo en mi boca,
Y un mar de dudas en este oceánico corazón
Como el viejo clon salto de una a otra, y os llamo
Pero es lo que tiene el tiempo, barrera insondable,
Muro donde caen
Como golondrinas desorientadas,
Quedando puntas de lanzas, sobre la fría piedra
Y no te hallo y no os hallo
Y en mis bolsillos mis manos juegan con estas letras
sueltas
Con este efímero recuerdo
Frente al quiosco de las flores quedo
Sin memoria, olvidado de tu dirección
Dejo el dinero sobre el carro
- Señor sus flores…
Sobre mis pasos me vuelvo, alzo la mano y marcho
Y como te dije en su momento, a ti Ana en Barcino
frente al mar
En algún mañana indefinido, te espero
En las casas de diversos colores,
Frente a tierra, pues yo llegare del mar como llegan
las promesas.
Bandadas de blancas gaviotas
A escribir tu nombre en la arena quedan…
Ana, en las viejas arenas de Alonis, tu espera…
Me espera
Con amor, hasta que el
tiempo quiera
Epi
o el Buhonero
23/04/19
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