jueves, 28 de mayo de 2020

Una Historia de estos tiempos



 
Dicen que nunca es tarde si la dicha es buena
Busco letras para hacer palabras y estas para formar frases,
frases que den sentido para crear un pequeño relato,
pues aspirar a más seria entrar en el delirio.

Que no es fácil hilar dos, como para hacer una gran historia que atreviese los siglos.



El laurel de las letras anda muy repartido, 
y yo, pequeño en este sentido  
falto de ambiciones, con dos versos libres me doy por servido
...Como siempre llego tarde.

Pero esta vez, la pequeña Alicia me ha entretenido,
anda con gente curiosa, un nota que hace sombreros
mientras atenta contra el orden establecido,
el señor conejo, anda algo estresado,
de él dependen los tiempos que a cada personaje y momento le son concedidos.

Es como ese señor que esta en Valencia en la plaza de la catedral, esperando
mientras charla con los vecinos a que el cabildo saque los bancos y sillas a las que esta obligado por orden Real y antigua.

Él es el señor de las aguas, Juez  y ley, por encima de todos.

O como ese otro que es presidente de la asociación de vecinos,
de una celda más en esa gran colmena, donde habitan otros tantos desconocidos,
que no se paran a charlar y un día se les olvido el saludo,
un simple “buenos días o con Dios vecino.
Es lo que tiene vivir en sitios tan fríos.

Será que nos gusta un carguillo, 
ser presidente, alcalde o un jefecillo.
Gobernanta o gobernante, es igual.

¡Algo!, lo que sea, con tal de mirar por encima del hombro,
sentirse ¡más! Quizás, respetado, incluso deseado,
cuando la realidad cotidiana, nos dice lo contrario.

Que somos una panda de matados,
pequeños y grises,
“sin sustancia gris “ como diría Sender….  
Hay lo dejo…


Como ves amiga, me falta inspiración, me enfade y partí en verso, la prosa, ¿será este nuevo Goliat, que tanto nos ha atemorizado, o al menos lo han intentado. No se, demasiada caverna, soledad no deseada, demasiada saturación de información. La vida sin nosotros, se ha comportado, no hacemos falta, ella sola sin nosotros se regenera… Quizás estemos condenados a ser petróleo.

UNA HISTORIA DE ESTOS TIEMPOS

La mañana empezó con una suave brisa fresca y agradable, pues ya las temperaturas han cambiado y como siempre, Don verano quiere usurpar el tiempo de la niña  primavera. Acelera el crecimiento, revienta la tierra a flores y aquellas que volando liban en los policromados valles y en las altas montañas, se afanan con una prisa inusual.
Ya el trigo va dorándose y la amapola tira por donde quiere, dando gotas carmesíes en belleza y olor, en tan vasto paisaje. En otras latitudes, rivalizan los bulbos, blancos o amarillos, es tiempo de de lirios, se escuchan croar a ranas y sapos, el zumbar de mil libélulas.

-         Y donde menos te lo esperas te encuentras al viejo Pancho, lagarto de vivos colores, amarillo como el polen de las flores, azul lapislázuli del viejo Egipto y una pequeña raya roja sobre el lomo. Esa, esa es triste… no te la cuento.

-         ¡Abuelo! Si Pancho no existe
-         Claro que existe pequeña,

mientras pensaba, cuanto amor albergaba,  como era posible, ¡doblar tantas veces la rodilla!, por ella, por una sonrisa, un gesto, esa complicidad que nace, se va forjando mientras se desarrolla, pero sabe que un día marchara y su consuelo, es que sea para mejor, o como él o ella sea como deseen .

-         Mira, tu ¿en que crees… Unnn?
-         En Peter Pan, abuelo, en Campanilla, en el pobre Capitán, en Alicia, en Oz, en Hansel y Gretel y muchos más

Lo mira de reojo saca la lengua, con aires de  superioridad, abuelo pone gesto contrariado y frunce el ceño en actitud de enfado, la pequeña se levanta con los ojos arrasados en lágrimas, y muy enfadada se dirige a la puerta, mientras golpea frenética y con las palmas abiertas da pequeños golpes a la vez que le grita…

-         ¡Tú si que no existes, abuelo!, todo es mentira, ahora llora más bajito, abuelo se retuerce las manos sabe que con un poco de suerte y muchos cuidados, llegará el día en que todo será normal y podrá abrazar a su pequeño amor….

Teresa vuelve del trabajo y se encuentra a la pequeña Manuela, dormida junto  a la puerta cerrada de la habitación, donde se encuentra aislado el abuelo. Acurrucada como un cachorrillo, abrazada así misma, con una lágrima de luz, en caída permanente. Mira la pantalla de la tablet y su padre le pide entre sollozos que enfoque a su Manuela.

-         ¡Animo padre!, solo una semana más y estaremos juntos,

Teresa besa la pantalla y la apaga por hoy…


                                 

Felicidades Manuela…. Y cumple…
cumple años, para llenar los días,
cumple y no temas,
se feliz y haz felices a los tuyos,
porque tu sabes que debajo de esa encina grande, donde se cuentan historias, siempre hay una que es verdad, otra que es a medias y las más hermosas, pasan a ser leyendas.
Esas son las que el viento se lleva,
las deja sobre las olas del mar,
para que el viejo Buhonero las recoja con su red de pescar sueños, para más tarde contárselas a Manolito, ese que anda por hay, el de los cuentos tontos de la mar, el mismo de  “La  Noche Oscura de los Dragones”

 En fin amiga, te dejo con este pequeño presente y como siempre, espero no faltar a esta cita. Un beso y se moderadamente feliz.
                                                                    
Tu amigo Epi o El Buhonero

martes, 12 de mayo de 2020

Para todos, Heroes en la memoria y Valientes en las trincheras...



Mármol blanco,
Zinc,
Urnas y cenizas por doquier
Héroes, tantos que pasan a ser anónimos
Héroes con pies de barro
Que la memoria frágil de los hombres condenara al olvido 
Sutilezas de la propia naturaleza, para seguir avanzando,
Supervivencia no más.

Héroes a su pesar, sin querer serlo,
Héroes involuntarios, sumo y sigo.

Valientes al desnudo, ya sea desde el servicio, al más alto cargo, ya ilustres fregonas, personas del mantenimiento, personal de servicios para que no falte  lo que escasamente ha de haber. Camioneros y camioneras en ruta, de mirada triste, solos con sus centauros de metal atravesando la soledad descarnada para abastecer los grandes núcleos, las pequeñas aldeas.

Alas que tropiezan a la misma hora, intentando levantar un halito de esperanza,

El agradecimiento del que no puede dar más,
Tantas veces repetido que es una sordina que el viento lleva de un sitio a otro sin saber donde ha de depositar,
Pequeño gesto de gente humilde y agradecida con estos colectivos.

Tanto, se llevan, las miserias depositadas en contenedores de colores, como rocían las calles de productos que limpien, productos contra Goliat.
Revuelo de batas blancas, pijamas de hospital, valientes… Que solo queden en valientes, que se proporcionen los medios necesarios, es de justicia, no queremos más Héroes en nuestro haber.

Mármol sin macula, sin epitafios,
Con los corazones doloridos
Con la mirada perdida en busca de luz.
Zinc, para el último viaje,
Soldado, sin ver quien ocupa tan reducido espacio,
Sintiendo como revientan las soldaduras, tanta humanidad perdida.

Cenizas a la espera de tiempos mejores, para despedir en familia y con el amor de los suyos, sumado al de todos, a aquellos que sin buscarlo… hoy desgraciadamente son nuestros nuevos Héroes.
  

España en la desesperación
Y el reino, de tango por los salones
Y el resto ese maldito hemiciclo, que no se entera y sin conciencia
Caverna de lobos, depredadores del poder, sin importadles lo más importante.
¡Tú…! en tu caverna, el en la calle, ella en el hospital o con ancianos febriles, peleando hasta el ultimo aliento.
Hienas, ambiciosas, capaces de hacernos desaparecer, con tal de obtener la vara de mando.
 
Ínsula desgobernada, republica abandonada a su suerte incierta. Que estos trabajos son nuevos, ¡señores…! que opositan, señores de dudosas intenciones y dudosa naturaleza, palos al que comanda, bien o mal, ya se aclararan entre ellos, sin noción alguna de hombres y mujeres de estado. Que el salón de los pasos tristes hoy es para el pueblo llano, para su desmedida cohorte de anónimos Héroes, velados por el pueblo, llorados por los valientes que aun resisten.
Descomunal crisis tanto social como económica, paupérrimo futuro se pinta en el horizonte, si es que este existe. ¡Que esto es entre todos!, o no levantaremos cabeza.
Mientras algunos juegan a ser dioses de la destrucción masiva
Que si tu, que si yo… que si se te fue a ti de las manos, que si vino contigo
En ese Maratón, Olimpiada de paz convertida en pandemia descontrolada.

    

- Que hay de aquella  Dichosa edad y siglos dichosos, aquellos a quien los antiguos pusieron nombre de Dorados”
Dígame mi señor Don Quijote… ¡Donde..!

-         Ensíllame a Rocinante, acerca mi lanza, presto el escudo la espada y el yelmo, ¡Que esta si es gran aventura, que los cielos nos brindan, para mayor gloria de la orden que proceso, y honor para la más alta dama, mi señora Dulcinea
-         ¿Que  locura nueva es esta…? mi Señor

-         Acaso no ves ese ejercito sin rostro, no ves esos miles de ojos que se acercan en extraña formación, no ves que no tienen bocas, no te ensordece ese espectral silencio, ese como un respirar multiplicado por millones que levanta el polvo del campo. ¿No ves, a tantos caballeros, gente de mala catadura y enanos por doquier?


-         Mire mi  Señor, no se confunda , que aquello que viene de lejos no es ejercito, si no simples, niños mujeres y hombres de todas las edades, de todas profesiones, que marchan al unísono, desesperados, como si no hubiere un mañana, y traen los rostros velados para no matarse unos a otros al  respirar
Mire bien, mi Señor, que son tiempos de incertidumbre, de ciencia y hermandad. De todos a una, como es. No se ha fijado, que el enemigo es tan pequeño, que se ha convertido en un Goliat de proporciones bíblicas. Y entre todos, aun no hemos conseguido formar a un David, que con su honda derribe y corte de raíz a semejante enemigo.

  -    Razón tienes, amigo Sancho…  Que aquí no hay  encantadores que                                                  nos      confundan y debemos andar todos a una.

-        Dígaselo mi Señor, a esos que nos gobiernan, han de ir todos a una, que las cosas de gobierno, deberían tener claro ese cocepto

- Concepto querrás decir Sancho

- no me corrija señor, que usted bien me entiende y sepa usted que yo pobre y humilde no tuve educación, ni pude ser bachiller, que la gente sencilla, hincamos la cabeza en tierra y trabajamos para subsistir. Y no me interrumpa que se me vuela el pensamiento y luego no lo hallo por más que busco. Y como decía antes, ese cocepto y no andar a palos como los señores que pintara enterrados hasta las rodillas el Señor Goya.

-         Se le entristece el semblante mi Señor, ahora más bien es usted el de la Triste Figura…

-         Si, mi buen Sancho, no han leído nuestra particular Biblia que para nobles y villanos fue escrita; y si lo han hecho no entendieron, no la razonaron y han preferido seguir a oscuras. 

-         Mal nos ha de ir con semejantes bellacos. Cainitas hasta en los momentos difíciles

-         Hoy cualquier botarate se presenta a gobernante. El siglo avanza con escasas luces y demasiadas sombras. Demasiadas manos por meter en la hoya grande. El hambre avanza, lenta pero constante.

-         Si, mi Señor, todo va demasiado despacio, ¿nosotros seguimos siendo castellanos y manchegos?

-         Y mediterráneos Sancho, y oceánicos y cantábricos. Nuestro amor sigue con las naciones de la bella Italia, la filosófica Grecia, la de los hermosos fados en los deltas del Tajo, la sin par Portugal, hermana y compañera en tantos siglos. Para ellos también nuestro canto de esperanza, nuestros mejores deseos.

-         ¿Y esos del norte, que hay de ellos, que nos tildan de haraganes, borrachos y fiesteros?

-         Esos, siguen contando sus monedas, la vida se les va entre la ceca y la meca, todo lo que no es grave, todo lo que no sea amasar y llevarse bien con poderoso caballero Don Dinero, es contrario a su fe y su forma de entender la vida, poco solidarios, no les gustamos y nos soportan más que nos quieren. No hay una Diosa Europa solidaria, es una Europa mercantil, que ha olvidado hace tiempo el sentido de vivir y compartir.

-         Aún no se enteran, que la Dueña y Señora, la gran segadora, esa que cuando menos lo espera, llama a tu puerta a horas intempestivas, reclamando lo que es suyo, sin más atributos que llevarte, que la fría desnudez de tu cuerpo, las monedas para el barquero y la cuenta exacta de los diez talentos que nos son entregados al nacer.

-         Cierto es buen Sancho, cambiamos el paraíso por nuestras incertidumbres, somos esclavos de nuestras contradicciones, hemos convertido lo hermoso de la vida en utopía, nos hemos convencido de que tenemos que sufrir para no alcanzar nada, no hay más Edén que este, ni más belleza ni tiempo que este que nos ha sido dado.

-         No hay luz que nos guié, la inocencia nos dura un suspiro, para luego tener que penar hasta que el cuerpo aguante. Sigamos por estos parajes mi señor, disfrutemos de lo que nos depare el día y sigamos en nuestro hermoso batallar, que es justicia. Es más, le digo que marchemos de esa vieja Diosa Europa si no nos quiere, y vallamos con nuestros hermanos mediterráneos, con la naciones del sur y nuestra hermana Portugal.

-         ¿Y el resto Sancho?

-         Con su pan se lo coman y se atraganten, con su mísero comportamiento.

-         No extremes Sancho, siempre quedan las palabras y la razón, y con buen tiento hacerles participes de la misma. Que esta batalla han de librarla la palabra, la solidaridad, el borrón y cuenta nueva y la ciencia.

Cambiar la lanza por la pluma
La sangre derramada por la tinta
La desazón por la empatia de los pueblos
Volver a esa edad Dorada a esos siglos dorados donde no existía lo tuyo y lo mío, si no de todos.

-         ¿No escucha esa dulce música mi señor?
-         Sí es el brindis de la Traviata, o el deseo de que nuestros hermanos italianos, salgan de esta oscuridad, pues su canto será la señal de que se puede salir de esta descomunal batalla y nosotros detrás, y todos los pueblos.
-         Yo de momento me quedo con el Va, Pensiero, en el recuerdo y a la espera de ese gran brindis, como solo ellos han sabido expresar...

- Regresemos pues Sancho, la ronda nos puede encarcelar.

- Quedemos un poco más mi señor
  Hoy la luna es clara, Venus le  va a la zaga
  Los campos están más hermosos que nunca
  Por allí veo a la sin par Dulcinea y mi Sancha que le hace las veces de      dama,
 Solo un poco más, que no sabremos cuando volveremos ha disfrutar de     tanta belleza.

- Como quieras amigo, vamos lentos que hay esperanza y en los nidos de             antaño, como dijo el poeta, cambiemos el no, por el  “vuelven a haber pájaros hogaño”…


   Dedicado a los valientes de cualquier condición y profesión, ¡que ya no queremos más hérose!, pues de los que tengo uso de razón, ha tiempo que desaparecieron.
Más medios para todos ellos, para que se encuentren entre nosotros y escuchar de sus propias voces, sus cuitas y la felicidad de encontrarse entre los suyos cuando todo pase, que solo sea el recuerdo de un mal sueño, del que todos podamos despertar. Hasta entonces que sea un “A Más Ver” y se les rompan las costuras de felicidad.

                                                                Epi o el Buhonero


miércoles, 11 de marzo de 2020

Recordando a "Cyrano. ¿Qué es un beso?":


Un beso,
es una comunicación húmeda y callada

Un beso es la puerta de entrada al sueño

¡y por soñar que no quede! 
Un beso es tamizar las palabras
que escapan sin orden ni concierto,

Un beso
es estar más lejos de lo mundano,

Un beso es una carta de bienvenida,

Un beso es perderse y no querer regresar,

Un beso es el aleteo de alas de mariposa,

Un beso es frontera de tu boca y la mía.

En fin ¿que no daría yo por un beso?
por un leve roce de nuestros dedos,
una mirada que se pierde y en la nebulosa de ese instante,
seguir, suspirando hasta anclar ese beso en lo más recóndito del corazón

Tenerlo a mano para recordar que una vez fueron esos,
tus labios los que se llevaron mi beso,
dejando a cambio la indeleble huella de tus labios.

Un beso, es un hasta siempre Amor...

                                                      Epi o el Buhonero


lunes, 13 de enero de 2020

Buen año, y muchos mas...


Ahora que los años van pesando,
ahora que el escroto me llega al suelo,
ahora que tan solo me crecen las orejas y la nariz,
ahora que estoy más calvo que ayer,
ahora que solo me sale pelo en las orejas y en la nariz.

Os puedo decir, que por fin :
Viajaré a Turquía, no para ver Santa Sofía ni Capadocia,
pero si para que me cultiven la cabeza, con pelos del trasero,
ordenadamente sobre ésta venerable testa.

Viajaré a la Meca del Cine,
allí donde por un pastizal,
me haré una bolsa de piel para las monedas
y tener mis güendolines recogidos.

Ahora que veo menos que Pepe Leches
y todos sois figuras borrosas,
me queda tan solo la música de vuestras voces para distinguiros.

No me supone pena alguna
pues es como empezar a conoceros de nuevo.

En fin yo 2019 me despido de vosotros
para recibiros tuneado como los locos años 20... 2020.

Espero y deseo encontraros igual de hermos@s que siempre,
llenos de vitalidad.
Versos y abrazos, risas y lágrimas de más risas.
Con todos mis 365 días por estrenar.
Vuestro  viejo 2019…

                           Y recordad que Itaca tan
                          solo es la isla que mora en vuestro interior,
                         donde todos queremos llegar en algúnmomento.
                 Buen año y como siempre 

                                                 "sean moderadamente felices"
             

  Epi o el  Buhonero


miércoles, 19 de junio de 2019

Todas las palabras...


Busco en el sueño imagines que vistan mis palabras,

palabras que cubran la fría realidad,

ahondando en el corazón para exprimir su sentido,

desfilando por mi mente, para darles pragmatismo,

ya que desnudas de significado las he encontrado.



Por los mercados de la memoria,

letras sueltas voy adquiriendo,

letras, que forman pequeñas islas que emparejadas

se mueven en constante vaivén



Sobre la superficie espumosa de  los mares,

donde la vida anda oculta en sus profundidades,

pequeños acentos pulen las miles de calaveras

junto al escaso coral,

pequeñas ciudades de diminutos peces,

entran por una boca,

saliendo por el balcón de miradas perdidas hace tiempo.



Busco la esperanza robada,

la honra ultrajada,

la herida que  sangra,

el motivo final que justifique lo injustificable.



Y, en las profundidades solo hallo silencio

nada que me hable de ti

nada con que poder recuperarte,

tu anónima historia, queda a la deriva,

sin playa fija donde poder recuperarla

amontonada junto a las algas,

que se pudren bajo un sol indiferente.



La voz del vigía, suena como la del almuédano,

uno llama a la oración el otro encauza  la deriva.



A estribor queda la mar inmensa,

mar en plata las veces,

recoge lo que las profundidades no quiere,

dando a babor sobre la espuma de las olas

los versos olvidados, en el interior de viejas caracolas,

vocablos ermitaños salen cautelosos,

preñados de significado



Pero no hay más sordo que aquél que no quiere oír

y no es que sean ciegos,

pero miran al sol para deslumbrarse el tiempo suficiente

para no ver como las lagrimas...

llegan mezcladas, llenas de fuerza y sal.





Cada uno en su faro, eterna atalaya

cada uno en su jerga.



Uno solo quiere hablar con un dios, o con uno mismo

pues el primero es hijo del segundo.



El otro hablar a la mar inmensa,

preguntar por la tierra prometida,

por la nueva vida…

Que no llega.



Remolona se retrae, juguetea con la brisa

se deja querer, sintiendo la caricia eterna de la madre oceánica



¿Quién quiere puerto, fijo?

quién, hollar la tierra con sus pasos

si toda la luz queda al fondo, en ese mágico horizonte

y toda la sal de la vida le rodea



Que quiere el almuédano, si te increpa para la obediencia

para creer sin ver, para no discutir,

y en tu plegaria como en la del sacerdote, tan solo palabras hueras

que a fuerza de repetir ya no entiendes



Pero nadie se acerca a la orilla a reclamar tu ausencia

nadie piensa en ti, que nunca llegaste



Pero yo se a ciencia cierta…



Que más halla de los mares, siguiendo las lenguas de tierra colina arriba,

en el hontanar donde nacen las historias, que paralelas corren

a  lomos de  viejos manantiales,

hablando con las flores, repiqueteando en las piedras.



Tu alma se confunde, en la noche larga  

tan solo puede ser  vista en las lenguas plateadas

que la luna refleja

Y por un instante, junto al aullido del lobo,

el viento lleva en su regazo tu imagen y queja,

tu amor intacto, tu inocencia perdida,

todo se derrama y esparce llegando al delta,

donde mañana se volverán a mezclar con la mar

donde dormitan olvidadas,

                       

                                               Todas las palabras que cuentan tu historia…

                                                                                          Epi o el Buhonero

 

lunes, 3 de junio de 2019

“Amanece, que no es poco”


Todo es extremo en el páramo, tanto los tórridos veranos como los crudos inviernos.
La mañana se presenta algo nublada, unas finas gotas se deslizan de las nubes, diluyendo ese manto de agujas escarchadas, dejando un brillo sobre el ocre de las hojas caídas. 

Un grito salvaje tan reciente como antiguo, recorre la soledad del paraje. A lo lejos y a resguardo de una gran peña, en cuclillas se perfila una figura de mujer agachada, el sudor perlado de su frente delata un dolor y un esfuerzo que deberían de estar a resguardo, pero la naturaleza que no para, trae vida allí donde nunca se supone que pudiera desarrollarse, obviando las leyes de los hombres. 

Y sin más, el milagro de la vida se descuelga, ella presurosa, con las manos amoratadas del esfuerzo y el frío coge al recién nacido y amorosamente a falta de hoja afilada, corta con sus propios dientes el cordón que la une a la nueva vida, limpiando como puede ese pequeño cuerpo, liándolo  con su toca de lana, lo amarra a su pecho, dejando que el instinto del neonato busque con su olfato el pezón de vida, su primera ingesta después del golpe de aire que ha puesto a sus diminutos pulmones a trabajar, mientras ella como puede, se limpia, con agua del pequeño arroyuelo, que serpentea el páramo partiéndolo en dos.

 Levantándose  a duras penas y con el doble pulso, el de su pecho y el de su vástago, camina tambaleante hacía el viejo caserón medio en ruinas, se acerca con la esperanza de encontrar un alma caritativa, que pueda socorrerla en este trance, para no morir en mitad de la nada, con el temor de que la noche llegue y hagan su presencia los lobos y cuando piensa en los lobos no lo hace exactamente en esos antepasados de los canes, sino en los civiles que hacen la ronda nocturna al acecho  de los contrabandistas y ya se sabe que en la noche todos los gatos son pardos.
Los niveles de necesidad y de miseria se habían disparado, manteniendo una década después de esa guerra fraticida, una hambruna sin parangón, donde la imaginación de la escasez se alimentaba de mondas de patatas, pan escaso y negro, una agua chirri que hacía la veces de café y con un poco de suerte una pella de tocino rancio, que era sacado entre caldo  y caldo con un más que pelado hueso blanco con ausencia de tuétano.

Mujer de un republicano de esos que al acabar la guerra se tiro al monte y se hizo por fuerza maquis, es lo que quedaba, no quiso cruzar la frontera y prefirió compartir fortuna con ella. Se vieron por última vez en casa de un amigo común, estaba de viaje y les dejo quedarse mientras, esa luna de enero era como un cuadro en la ventana. 

Se dijeron poco pues el miedo y la urgencia no daban para más, fundiendo los cuerpos al compás de la noche, los ritmos de sus corazones y el pulso que se refleja en las sienes, dieron paso a las manos que en un principio tímidas siguieron el curso que dan estas cosas, la ropa tirada por la habitación, bajo las mantas los versos se fueron convirtiendo en una prosa tranquila que exploraba sus cuerpos, la luz de su último día los fue despertando, un café negro y un trozo de pan les fueron devolviendo las fuerzas y la nostalgia de la separación.

    Tomas baja tranquilo por la accidentada senda, que se va cortando cada cien o doscientos metros, de no limpiarla y ser el único que se atreve a transitarla, unas zarzas de espino invaden descontroladas la senda, haciéndola intransitable en algunos puntos. Tomás no le da mucha importancia, ya sabe de sobra como sortear, abriendo pequeñas veredas, que unas veces atajan y otras lo desvían de la senda principal unos cientos de metros. 

Desde que su madre murió, dejo de bajar al pueblo, tan solo cuando era imprescindible para adquirir, algún apero de labranza, unas arrobas de vino y calzado, pero eso era cada quince días siempre los jueves cuando se permitía la venta ambulante y la quincalla invadía la plaza del pueblo. Los puestos mostraban las heridas de la desolación, ropa usada, remendada y vuelta a remendar, abrigos del ejercito vencedor, gorras y botas de no se sabe quien, ni de que guerra eran supervivientes, pero para Tomás eran las que el necesitaba, el hacía cambalache, la nueva moneda tardaba en llegar y la anterior estaba desapareciendo a marchas forzadas, los recaudadores del nuevo régimen se afanaban en retirar dicha moneda repartiendo a cambio unos pagares que nadie cobraría, salvo aquellos que apoyaron la insurrección, los que vieron venir al lobo y decidieron ser más salvajes que el propio lobo. 

Tomas de pequeño, como todos los niños, jugaba a la guerra, por aquél entonces nada más que llegaba la radio y no a todas las casas, en el bar de José estaba la más grande, donde cada tarde noche se reunían los viejos del pueblo a escuchar el parte de guerra, y un par de aparatos más, uno del ayuntamiento y el otro del cura. Las fortunas, si es que las hubo alguna vez, recogieron sus bártulos, la bajilla y pusieron pies en polvorosa, ellos no  es que apoyaran al ejercito contrario, pero sabían de buena tinta que cuando los ánimos se calentaban como estaba pasando en la capital, los milicianos los corrían hasta la valla y ya no volvían.
 Es lo que tiene movilizar al pueblo, armarlo y darle un poder sobre la vida y muerte de sus congéneres como solo pasa en estas situaciones. 

Cerrando las haciendas a cal y canto, en México se estaba mejor, país que acogía a todo aquél que emigraba escapando de la desolación, las persecuciones, los ajustes de cuentas vecinales, incluso disidentes del partido que ayudo a ganar esta barbarie, instaurando una dictadura, de la que no se sabía cuando terminaría. 

Sentado a medio camino, Tomas saca una vieja pipa de olivo, la llena de tabaco de picadura, comprado en el callejón del tuerto, donde la pareja de civiles hacía la vista gorda, siempre que a ellos les cayera algo para sustentar a sus familias, la miseria era generalizada y la escasez azotaba tanto a vencidos como vencedores, tan solo el contrabando mantenía a duras penas el chorreo de necesidades básicas o superfluas como el tabaco, y algunas tan importantes y tan escandalosamente caras como la tan necesaria penicilina.  
Cuando termina de darse ese pequeño placer, sacude la pipa contra su mano dejando caer la ceniza y las pocas briznas de tabaco que por el grosor más parecen astillas que tabaco picado, es lo que hay, mete la pipa en el bolsillo y al levantar la vista encuentra entre su casa y el viejo árbol un bulto que apenas se mueve. Un llanto infantil le acelera el pulso y corre hasta él, tal es la sorpresa cuando encuentra en el suelo a una mujer desvanecida que a duras penas sostiene sobre su pecho a un recién nacido, coge el bebe y corre hasta casa para dejarlo sobre el camastro y sale en busca de la mujer, ya con ella a cuestas parece no pesarle, es todo huesos, el hambre y la huida han ido mermando el inmóvil cuerpo que apenas y con gran esfuerzo, sigue luchando por sobrevivir. Una vez en casa, prepara artesanalmente una tetina que coloca a modo de biberón sobre su taza metálica, dando a la criatura un poco de leche, después prepara con las ropas que encuentra, un pequeño vestuario para cambiarla y que entre en calor, una vez echo, queda dormida en el centro del camastro, cubierta por una raída manta, conseguida en el mercadillo de los jueves en la plaza del pueblo. Luego se dirige a la madre, busca si tiene heridas, la limpia como buenamente puede y la deja descansar. Marcha hacia la cocina, se sirve un vaso de vino mientras mira con ternura a la pequeña y piensa que todo es extremo en el páramo, pero mañana será otro día y las cosas se verán de distinta manera, como solía decir su padre...  “Amanece, que no es poco”

                                                                                                         Epi o el Buhonero