domingo, 13 de abril de 2014

"Manuela y el Mar"





Manuela y el mar...
                                                                                              "Con tu permiso"

Se me hace difícil, provocación sana ver tus fotos Manuela y no garabatear y si sumamos, que al pronunciar tu nombre, se llena la boca y si le añades "mar", fíjate. Como suena...Manuela y el mar, ¿Verdad?... A cuento y sal, a historias cortas y sencillas, historias marineras.
Desde tierra, este marinero de agua dulce, es ver tu mar, ese trozo que guardas en la memoria de tu ojo mágico y todo es empezar...
* * * * *


Manuela se sienta mirando las olas tranquilas, con sueños de libertad, atrapada sin saberlo, pasa las tardes de espaldas a la ciudad.
Que la mar serena, cuando el día se marcha una isla a lo lejos cree ver y no es más que un sol, que lento se marcha después de iluminar la vieja ciudad.
El mar en esos momentos espejo inconmensurable, de manto se ofrece para dar descanso a tan importante Señor.
Vive sin saberlo sobre siete u ocho civilizaciones, sobre un millar de historias enterradas de amor y dicha unas y otras tantas violentas que la sin razón y capas de tiempo han ido sepultando.
Ciudad jalanera, que canta con sorna sus quejas a compás de chirigota, a golpe de cuplé y ritmo de tanguillos, quejas que el viento se lleva, bien lo sabe ella.
Ciudad que te atrapa y solo mirando al mar, Manuela es capaz de romper esa prisión, ese aire que la sofoca, y cuando mira al mar a Manuela se le ilumina el rostro y la mirada se le limpia... Y que sensación de paz.
Saca una imagen o una foto, allá cada cual y guarda su merecido trocito de libertad. Luego cuando el Sol se marcha, ella anda despacito, mirando siempre al mar para que la ciudad y sus gentes no le mancillen su ensoñación.
Que la ciudad tuvo su gloria, hoy tan solo un puente y medio, un lánguido sueño de antiguas grandezas, una constitución vieja y ultrajada, algunos barrios castizos y una Puerta Tierra que delimita el sueño de antaño con la famélica realidad.
Ah, pero Manuela sabe que bajo el mar, hay grandes bosques de coral, montañas imposibles de imaginar, viejas estatuas de otras épocas, barquitos comidos por la sal, algas como helechos conchas y caballitos de mar.
Cuando el viernes llega, hace su maleta, guarda sus notas y en el bolsillo esa instantánea de libertad.
Porque Manuela se lleva el mar a su casa donde otro mar la espera. Bosques de alcornocales escarpados de helechos, de tierra roja que trae en su prisa el siroco, helechos de verdad y la luz que se filtra por sus canutos donde baja el agua cantarina, la brisa trae la fragancia de la retama, la Jara y las flores silvestres de mil colores.
La risa fresca de su gente y un poquito de tranquilidad...

Y en las noches cuando nadie la ve, a hurtadillas saca su trocito de mar y escucha las voces que vienen encima de las olas. Olas que con desgana van a rendirse a la Bahía y esa espuma que deposita en su retirada sobre la arena es la limpia risa de sus niñas que le acompañan cuando se siente triste, en esa vieja ciudad, que tacita a tacita se bebe su tiempo y su juventud.
Manuela aguanta porque sueña con el mar y se hace pequeña, se deja atrapar, quiere que el mar la acune, que los cantos de sirena le hablen de su amor y la hagan soñar.
El tiempo que no para...pasa
Y una tarde de jueves, sentada frente al mar, saca su ojo mágico y roba una vieja estrella que se emboza en el manto inconmensurable del mar.
Se ríe con la espuma, mientras se despide de las historias que llegan a lomos de las olas del mar.
Que mañana es viernes
Y ya no quiere soñar
Despacito, paso a paso
Andando hacia atrás
Para que nadie le quite sus ganas de regresar…


                                                                                Epi






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