miércoles, 9 de marzo de 2016

Desde la Soledad del Fumador de Fondo "estos del Congreso se la cogen con pinzas""



“Desbarrando sin ton ni son”


Murmullo que recorre la faz de la tierra de aquellos que no pudieron hablar a tiempo.

Cercenando la memoria de los descreídos, todos tuvieron algo que perder, todos piden ser resarcidos, los más civilizados, los que sufrieron en primera persona y los grandes olvidados. Memoria generacional que va desapareciendo con el anhelo de traspasar sin acritud con sentido pedagógico sus penalidades, con la sana intención de no olvidar para no repetir. Los más civilizados como digo,  que aun quedan, tan solo piden una placa una disculpa y un hasta siempre que no se vuelva a repetir pero en su fuero interno desconfían de la naturaleza del hombre, desconfían de las buenas palabras que al golpearlas, el aire entre si suenan a vacío a  crisálida seca por donde escapo el canto que unía la memoria para frenar el olvido.



Los más jóvenes  no quieren saber después de generaciones de manipulación. Porque  la historia la escriben los perdedores, los zafios, los soberbios, los ignorantes y los criminales de lesa humanidad, aquellos que ocultos en siglas son herederos directos de la barbarie de una forma de pensar bastante espartana, los mismos que levantan los ánimos de odio colectivo, los que vierten palabras envenenadas, aquellos que trafican con el miedo, esos son los más cobardes los más taimados los mismos que se devoran así mismo marabunta que recorre la tierra.

Las conciencias adormecidas no saben donde se meten ni a quien vitorean, nunca hubo una izquierda ni una derecha, las cosas no son tan sencillas, siempre ha sido acoso y derribo, quitar a uno para poner a otro de igual catadura o peor, estos que juegan a ser

maestros de la palabra y del ilusionismo, observadores de las costumbres, condenan al resto a  recibir migajas que les hagan llegar a fin de mes con la boca cerrada. Seguimos en un siglo de eterna picaresca, de lazarillos y sinvergüenzas, de miserias y miserables, de púrpura, uniformes y bien trajeados, padres de una patria que no siente nada por sus hijos, los mismos hijos que denostan a esa patria que no sabe o no quiere, ni tiene intenciones tiene de aunarlos de darle la oportunidad de volar solos por su cuenta y riesgo.



Nación que aun no ha despertado del sueño ha de aguantar ahora a esos títeres, ególatras llenos de vanidades y faltos de masa gris incapaces de coaligarse, nación que palo tras palo vuelve a las andadas a no querer hacer nada sin atreverse a saltar al vacío para empezar de nuevo.



Si te dijera que la memoria anda encerrada en muros de hormigón, si te dijera que el miedo ha mantenido las lenguas aletargadas, si te dijera que cuarenta años son muchos años, no lo creerías, porque treinta y  largos años de supuesta democracia de libertades y derechos ganados o recuperados del cajón de sastre, donde duermen la bajezas del hombre y las barbaries donde duerme el orgullo y la sinrazón. También residen las cosas buenas, que no todo es desafecto y feo pero claro, siempre esta el cajón de sastre al servicio del miserable, del encantador de palabras, del corrupto y el corruptor de ese mismo que te consigue los derechos que derrama cual gotoso sobre el resto a un alto precio de represiones y violaciones sistemáticas de las libertades y los derechos sin olvidar los deberes, que uno no se entiende sin el otro.

  

Aquellos que se erigieron padres de la patria, los mismos que acordaron la calidad de los votos para una estabilidad en tan delicado proceso y que a lo largo de cuatro décadas no les ha dado la real gana de cambiarlo y hacerlo más justo, hoy son las mismas alimañas carroñeras que devoran todo lo que a su paso osa cruzarse, esos que ven en las diferencias de clase en el poder adquisitivo, la raza y la casta de una elite de depredadores que no duda en hundir cada día un poco más a todo un país porque ellos están primeros, insaciables y cobardes que tiran de instituciones y recursos, que fían su seguridad en su propia supervivencia comprando voluntades cuando el precio es razonable y no dudan en patear al ciudadano que les dio la opción el encargo de dirimir y sacar hacia delante a toda una nación. Y como digo, no son capaces de ponerse de acuerdo, todos quieren sillón y foto como reinas madres, -porque a mi me han votado tantos y represento a mi partido-.  Para que continuar con el tema, si estamos aburridos lo mejor seria darles la espalda, ignorarlos, no acudir a su consulta y dejarlos con el culo al aire que ya gobernaran otros que si crean, sin chorradas, sin darle palos al diccionario, sabiendo que el pueblo es genérico como la lengua bien utilizada es genérica…



 Y ahora a los mastuerzos les da por dejar “Congreso a palo seco” que el genérico es muy machista y despectivo y no hace alusión a congresistas que igualmente es genérico. El problema es que nos movemos entre idiotos e idiotas, con la segunda basta que es genérica pero para dar gusto a todos genéricamente hablando. Contaremos el cuento de Ceperucito Rojo y la loba feroz y ese otro el gamba de Ceniciento o Blanco Níveo y las siete enanitas, son momentos para irte con los amigos genéricos y tomarte unos cervezos para ellos y unas cervezas para ellas y aderezar con ricas viandas como montaditos y montaditas de cerdo o cerda.

Si de algo tenemos que preocuparnos es del Hombre y digo hombre como especie, también genérico cuyo femenino en este país es el Hambre, y este si que es genérico sin lugar a dudas.

Y ante los problemas urgentes que acucian a este lindo país, con su desmemoria histórica, sus chorizos y butifarras, sus corruptos y corruptelas, con las ganas de independizarse de unos, con los poderes mezclados manipulados hasta el hartazgo con los libelos de la prensa subvencionada y no independiente, los canales desinformativos, el paro, los desahucios y la sanidad por los suelos.

Estos señores y señoras preocupados por cambiar el letrero del Congreso de los diputados, perdidos en cuestiones semánticas, ¡pues nada!, pongan el cartel nuevo “Congreso de los Imputados” que es genérico.



            De momento aquí espero a que un vendaval se lleve a tanto Gil y Pollas (Baltasar Gil Imón de la Mota, fiscal del Consejo Supremo de Castilla y gobernador de Hacienda allá por el siglo XVI más dos hijas muy feas y tontas) y entre algo de sentido común por esas puertas del bien intitulado  CONGRESO DE LOS DIPUTADOS



*no me despido con un abrazo porque para alguien sería una brazada, y yo abrazo al genero humano, al animal si no araña, y en esa brazada tan solo me llevo lo que abarquen mis brazos al recoger un haz de leña un bidón de agua y cosas por el estilo.



            Como siempre buen día y sean moderadamente felices



                                                                                                          Epi

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