viernes, 31 de marzo de 2017

Indecisiones...



                                                               

 Indecisiones

De cierto es que el roce hace el cariño, o por lo menos afianza la costumbre, por mal que te lleves con esa persona. Tan cierto que Ángel se fue distanciando de Patricia ya no les bastaba con verse pero ninguno daba el paso para romper esa relación que básicamente consistía  en observarse sin mirar apenas siquiera, por el rabillo del ojo y claro estas cosas terminan por ser monótonas y a veces nocivas. Tanto que se fueron distanciando sin haber cruzado tan siquiera un ¡buenos días! o un hola… bueno un hola si que se cruzaron, fue una mañana de invierno en una terraza de una venta de esas que parecen naves industriales.
Él le dio los buenos días un “buenosdías” así todo corrido casi ininteligible y ella pues tres cuartos de lo mismo y un sonrojo de cara que a él le acelero el corazón, no es que fuera amor, más bien deseo. Se miraron a hurtadillas sin mediar más palabras, ella coqueta se arreglaba el pelo, dejando al descubierto la mejilla derecha su oreja y ese blanco cuello, fino, digno de ser besado una y mil veces y él como un pamplina tan solo miraba sin mirar, desconocía por completo el lenguaje de los gestos, que si hubiera pillado puntada, ahí mismo la hubiera asaltado, se abría levantado de su sitio y sentado en la mesa de ella, una oportunidad así no pasaría dos veces.
Pero todo eran dudas, cortedad;  sentado de tal manera que era él quien no tenia que hacer esfuerzo por voltear la cabeza para fijase en ella. Cualquiera que pasara se daría pronto cuenta que hay había empatía por decirlo de alguna manera, por ser suaves y no llamarlo cortedad. Dos figuras de sal inamovibles.
Y como en toda historia de indecisiones, ella acabo buscándose un lumbreras con gafas, pelo huidizo, vamos con una alopecia galopante, por el resto buen porte, pero más feo que Ángel de aquí a Lima y volver a nado. Ángel seguía con su insana inseguridad que se había convertido en costumbre, si se hubiera atrevido, hoy sería él, quien ocupara ese lugar, quien acariciara su rostro y dejara la impronta de sus besos esparcidos por ese cuello fino y amarfilado.
Patricia chapada a la antigua, quería que fuese él quien diera el primer paso, pero Ángel que andaba de moderno esperaba que fuese ella la que le asaltara y una por el ayer y el otro por el mañana o que son otros tiempos, fueron dejando pasar los días, los suficientes para que lo que nunca fue, dejara de ser para siempre. Y así pasaron los años, ella casada con tres bichos o niños, según se quiera mirar, más canas que Matusalén, aun se perdía en su ensoñaciones imaginando como hubiese sido con aquel que nunca se atrevió a abordarla, sola con su cerveza sobre la mesa la vista perdida sin mirar a ninguna parte, añoraba lo que nunca fue y que pudo haber sido si el capullo de Ángel hubiera dado ese paso que tanto los distancio para siempre.
Y Ángel, taciturno sentado en medio de la nada, suspiraba y maldecía su cobardía, y es que en esto del amor, o el rollito primaveral de un día cualquiera les hubiera bastado para al menos haber quedado como amigos de alcoba, de hotel en hotel o en cualquier playa o campo, ocultos de miradas indiscretas, de conocidos y desconocidos.
Pero es lo que tienen estas cosas, que no siempre arriba uno con lo que quiere y al final la soledad que cuando no es por decisión propia acaba siendo bastante jodida, quedando listos para sentencia, ella mal acompañada y el más solo que la una.
Pero en justicia ¿Quién le pone cascabel al gato, quien no se ha visto alguna vez en esta tesitura, pues hasta los más espabilados tienen por donde callar, por donde morir para recordar lo que pudieron ser sus vidas con esos amores a primera vista que no supieron abordar y hoy cuentan canas tumbados sobre el diván o un sucio camastro donde ellos y su falta de iniciativa han ido muriendo lentamente en vida para ser zombis del desamor que nunca fue amor, ni deseo ni nada de nada. Siendo por ello que siempre se ha dicho (mejor una vez colorado que ciento amarillo). Y colorín colorado, este desencuentro se ha terminado…


                                                                                              Epi

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